jueves, 24 de junio de 2010

¿Tiene Calderón la culpa de la violencia?

Esteban Zamora

junio / 2010

Ante la justificada inquietud de la sociedad mexicana a causa del furioso incremento de la violencia provocada por el crimen organizado, el presidente Felipe Calderón lanzó el pasado día 15 un mensaje de 10 minutos y medio que es necesario y urgente analizar y difundir para contribuir a resolver la apremiante necesidad de poner las cosas en su justo lugar.

Está claro, aunque muchos no lo quieran ver así, que la actual situación de terror no se deriva de una lucha entre el pueblo y el gobierno; parte de los que llevados por sus turbios intereses o por sus fobias personales alimentadas por la demagogia se ensañan en culpar al presidente de la República.

Calderón comenzó su mensaje recordando cómo las mafias criminales fueron evolucionando en su acción a partir de la mera exportación de drogas a Estados Unidos, hasta llegar a la rivalidad entre los mismos grupos de malhechores, las disputas sangrientas por el mercado y a convertirse en un abierto desafío a la autoridad, a las instituciones y a los ciudadanos pacíficos.

Esta situación se agravó a partir del año 2004, cuando Estados Unidos levantó la prohibición de vender armas de asalto a particulares, lo que dio a las bandas la oportunidad de proveerse de armamentos de terrorífico poder letal para usarlos en nuestro país.

Calderón señaló que esto rebasó a las autoridades de seguridad y justicia en algunos lugares, especialmente a las municipales y a algunas estatales, que fueron sometidas mediante el miedo o la corrupción.

En esas condiciones las bandas comenzaron a diversificar su actividad delictiva y a pasar a la extorsión, al secuestro de personas inocentes, al control del crimen en sus localidades, al cobro de cuotas de protección o derechos de piso a ciudadanos honestos. Era necesario, afirmó el mandatario, actuar con firmeza, porque "cuando el gobierno no actúa los criminales terminan sometiendo a las familias mexicanas a sus ambiciones y a sus caprichos".

El presidente detalló los objetivos de la Estrategia de Seguridad Nacional: 1. Operativos conjuntos, de carácter temporal, en apoyo a las autoridades locales por parte de las fuerzas de la federación, para darles tiempo y oportunidad para restablecer condiciones mínimas de seguridad; 2. Depuración y fortalecimiento de las policías y, en lo general, de las instituciones vinculadas con la seguridad y con la justicia; 3. Rediseño del marco legal para abatir la impunidad, y 4. Prevención y fortalecimiento del tejido social.

Consideramos que en este cuarto apartado la sociedad civil tiene un papel relevante a desempeñar y que ningún mexicano debe estar ausente de la participación decidida en esta lucha que nos concierne a todos, pues de lo que se trata es de erradicar una situación anómala que a todos nos afecta.

Como dijo Felipe Calderón: "Recuperar la seguridad no será tarea fácil ni rápida, pero vale la pena seguir adelante. Vale la pena porque así construiremos un país libre y seguro. De no hacerlo, dejaríamos a la sociedad en manos de nuestro enemigo común, que es el crimen, y en particular, el crimen organizado.

"Y quiero ser claro. La nuestra no es una lucha ni única, ni principalmente contra el narcotráfico. Es una lucha contra toda expresión del crimen organizado que afecta a los ciudadanos. Es una lucha contra quienes se apoderan por las armas de pueblos o comunidades y agreden a quienes ahí viven".

Resulta demasiado mezquino aprovecharse del comprensible dolor de las víctimas de la violencia y de sus familiares para querer hacer cargar al gobierno con la culpa de una situación generada en los tiempos en los que muchos de los actuales críticos estaban al frente de la conducción del país.

Puede, el que guste, negarle todas las virtudes que quiera al régimen actual, pero no se puede negar, por una parte, que con todas las imperfecciones reales o supuestas, frente a la amenaza del crimen y el desbordamiento de la violencia, el gobierno de Calderón ha mostrado la decisión y la valentía que estaban ausentes en quienes ahora lo censuran y, por otra parte, que en las circunstancias actuales de lucha contra la delincuencia, el pueblo y el gobierno son aliados naturales.

Actuar de otra manera es proceder con dolo, con perversidad, con estupidez o de plano, con franca complicidad con la delincuencia. Ni el resentimiento político por la derrota ni el oportunismo ante las presentes y las próximas coyunturas electorales justifican ese tipo de actitudes viscerales, inmaduras, hipócritas, malévolas y siniestras.

Es tiempo de que la multitud de mexicanos que han caído en la trampa del exceso de diatribas y la deficiencia de información abra los ojos. El presidente Calderón tiene serias reclamaciones que hacerle a su equipo de comunicación. A los mexicanos de a pie nos corresponde contribuir a llenar ese vacío y convencer a nuestros hermanos de que por su propio bien y el futuro de sus hijos se unan a esta cruzada de rescate y salvación nacional.

Si estás de acuerdo con las ideas aquí expresadas, envía este mensaje a tus contactos. Si quieres recibir el texto íntegro del mensaje del 15 de junio de Felipe Calderón, manda un correo a la dirección que se muestra abajo.

 

 

 



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