Carla Mondragón
junio / 2010
En muchas ocasiones, en la televisión se muestran los estilos de vida que se practican en la sociedad. Si viéramos un show de los años 50 o 60, como "Hechizada" ("Bewitched") o "El Show de Donna Reed" ("The Donna Reed Show"), podríamos apreciar rápidamente el modelo familiar de la época: padre, madre e hijos.
El padre era mostrado como la figura fuerte de la familia, la autoridad, el que trabajaba y proveía para ésta, mientras la madre se quedaba en casa y entre los dos educaban a sus numerosos hijos.
En la actualidad, si prendemos la televisión, podemos darnos cuenta que aquel modelo se ha modificado. En los shows y programas se nos muestra a mujeres fuertes, independientes, que trabajan, que son profesionales y viven solas, además, su prioridad no es casarse.
De cierta forma, esto es una representación de lo que es nuestra sociedad actual. Gracias a la liberación femenina y a los movimientos por los derechos de las mujeres, la vida del sexo femenino ha dado un giro radical hacia la independencia, el trabajo y la libertad.
Pero, en los últimos años, el sentido de independencia y autosuficiencia femeninas ha llegado a los extremos: la figura masculina ha quedado marginada, incluso para lo que se pensaba que era indispensable: el tener un hijo.
Cada día más mujeres se enfocan en lo profesional, dejando atrás la posibilidad de tener una pareja y formar una familia. Y muchas de ellas, cuando aún se encuentran en edad fértil, buscan tener un hijo… solas.
El porqué de esto es fácil de contestar: las mujeres en esta situación son 100 por ciento autosuficientes, tienen recursos y han estado tanto tiempo solas, que ahora el convivir con una pareja resulta complicado, "de flojera" e innecesario.
Además, con el desarrollo de anticonceptivos y el manejo del tema del aborto se ha creado la idea de que la mujer domina la procreación.
Y sí, tal vez resulta fácil acudir a un amigo de mucha confianza o asistir a un banco de esperma –lo cual resulta erróneo desde distintos aspectos que no abordaremos–, pero un padre no es sólo un "donador", es parte importante e indispensable en la vida de un niño y si tiene un concepto sólido de familia, esto ayudará a su buen desarrollo.
Aunque se piensa que hombres y mujeres tienen "capacidades de padres" similares, también existen diferencias, de modo que padre y madre se complementan para hacer que la formación y educación de su hijo sea integral.
Una madre ayuda a su hijo en el campo emocional y un padre desarrolla su lado explorador, deportivo, de valentía y confianza en sí mismo.
Además, tanto mamá como papá pueden aportar diferentes puntos de vista al darle un consejo a sus retoños o al ayudarlos en algún problema, de modo que éstos se complementen.
Sin duda, el desarrollo de un niño y quien éste llegue a ser de grande en cuanto a su personalidad, valores y convicciones depende de ambos padres, que complementándose, lograrán no sólo crear otro ser humano, sino que éste sea una persona excepcional.

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