Una de las profesiones sin duda más dignas y admirables es la del maestro. Esa persona, hombre o mujer, que al margen de casarse o no, de tener hijos o no tenerlos, se realiza todos los días en el aula con sus amados niños, no sólo con la instrucción en las materias, sino en enseñanzas para toda la vida.
Es esa maestra que recuerdo, siempre con una sonrisa, una palabra de cariño, de aliento, sobre todo para quienes teníamos carencia de afecto, y que hoy todavía vemos reflejada, aunque cada vez menos, en maestras entregadas de corazón a esta bella vocación de servicio. Desgraciadamente hoy abundan los profesores y profesoras y son cada día más escasos los maestros y las maestras en toda la extensión de la palabra.
¿Cuál es la diferencia? Muy sencillo, el profesor sólo se limita a dar la clase, no se involucra con sus alumnos en sus problemas, tampoco con la familia de los niños; es profesor por conveniencia, el sueldo, vacaciones, no por vocación.
Estos profesores (as), son los que luego vemos en las calles protestando violentamente contra las autoridades, cerrando calles, vociferando, siendo un pésimo ejemplo para sus alumnos y desvirtuando su papel de educadores.
Son los mismos que vergonzosamente han salido reprobados en los exámenes que la autoridad correspondiente les ha aplicado, pero que siguen ahí, sin querer superarse, conformes por no haber perdido su plaza, pero eso sí, exigiendo cada vez más mayores privilegios.
Este tipo de personas no merecen ser llamados maestros porque no lo son, han perdido la conciencia de que tienen en sus manos el futuro del país y la felicidad de seres humanos a los que con su ineptitud e indiferencia condenan a la mediocridad y a no aspirar querer ser alguien en la vida.
¿Serán conscientes del grado de influencia que tienen en los niños para toda la vida?
Quienes sí lo son tratan de prepararse más académicamente, pero también crecer como personas, porque nadie da lo que no tiene y saben que ellos son el ejemplo vivo y la luz de infinidad de niños.
¿Cuántos niños viven en un hogar disfuncional, violento, o simplemente indiferente a su desarrollo y necesidades? Muchísimos, el hueco de atención y afecto a veces es enorme, y ustedes tienen la oportunidad de llenarlo con la atención, el cariño y la motivación de valor que necesitan para querer seguir estudiando, para querer salir de sus problemas y no irse por la puerta falsa de los vicios, de la delincuencia y la vida fácil. ¡Para eso están ahí, es ésa su función principal!
La dolorosa realidad es que el 60 por ciento de quienes dan clases a los niños mexicanos salieron reprobados y siguen ahí dando clases, sin tener la preparación para hacerlo. Los resultados están a la vista: en el reporte de 2010 del Foro Económico Mundial en relación a la calidad educativa, de 133 países, México ocupa el lugar 125 a nivel primaria, no obstante que el gasto educativo sea de los mas altos, el número 25.
Maestros, piensen un poco más en sus niños, no sólo en el dinero que reciben, o en hacer puentes. Para salir del subdesarrollo México necesita excelentes maestros y ustedes pueden serlo. Y para quienes aspiran ser maestros, no tomen su decisión por el sueldo, las vacaciones o prebendas, piensen primero si tienen vocación, si están dispuestos a entregar con pasión su vida a lo más importante que tiene México: sus niños.
Lamentablemente, en el estado de Oaxaca los maestros, denigrando a su profesión, prefieren la holganza y el mal ejemplo con manifestaciones propias de los orangutanes, con perdón de estos animales, y escándalos propios de energúmenos. Sin importarles que han llevado al Estado a uno de los niveles de educación más bajos en toda su historia.

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