Por: Marcela Méndez
junio / 2010
Hace no muchos años leí "El sur también existe", de Mario Benedetti. En ese entonces pensé que era un poema grandioso, pero hoy más que nunca hace sentido para mí.
A finales de abril de este año la gobernadora de Arizona, Jane Brewer, promulgó la ley SB 1070 que establece como crimen el ser ilegal y que permite que cualquier persona pueda ser detenida, habiendo "sospechas razonables" de que es indocumentado.
La ley, que según afirman especialistas en materia legal, es inconstitucional en varios puntos, inmediatamente tuvo un gran eco no sólo en los países de Latinoamérica sino también en Estados Unidos. Desafortunadamente, no todas las reacciones rechazaban la ley.
Diversos estados siguieron inmediatamente el ejemplo de Arizona. Al día de ayer, y faltando 58 días para la entrada en vigor de la legislación, 17 estados analizaban crear su propia ley antiinmigrante, argumentando la falta de una legislación federal que estableciera el actuar del gobierno en este tema.
La lista la conforman Arkansas, Idaho, Indiana, Maryland, Michigan, Minnesota, Missouri, Nebraska, Nevada, Nueva Jersey, Ohio, Oklahoma, Pennsylvania, Rhode Island, Carolina del Sur, Texas y Utah.
Luis Guillermo Colín Villavicencio, investigador del departamento de Relaciones Internacionales del departamento de Relaciones Internacionales del Tecnológico de Monterrey, señaló el 31 de mayo en el periódico "La Crónica", que de aprobarse la ley en estos estados, cerca de cinco millones de mexicanos se verían afectados, lo que haría suponer el surgimiento de un éxodo masivo en el que la delincuencia jugaría un papel muy importante, pues al regresar a su lugar de origen y no encontrar oportunidades laborales, una de las posibilidades es que las personas se incorporen a las filas de la delincuencia.
Por otra parte, afirmó el especialista, la aprobación de las leyes puede provocar que el movimiento de los indocumentados sea más bien hacia Illinois, Nueva York, Kansas y California, lo que hace suponer que estos estados también pensarán en realizar su propia ley antiinmigrante.
La intención está latente en los estados antes mencionados, y mientras en algunos de ellos apenas se realizó la propuesta, en otros ya hay proyectos concretos que están siendo analizados por los legisladores locales.
Mientras los procesos avanzan, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), da seguimiento a todos los casos, según informes de Patricia Espinosa, titular de la dependencia. En Texas, Missouri y Carolina del Sur, por ejemplo, las iniciativas ya se hallan en discusión en los congresos.
¿El motor de la Ley? Brewer, la promotora de la Ley Arizona, afirma que lo único que busca es asegurar la frontera, pues considera a la inmigración ilegal como un problema que no sólo va creciendo, sino que también implica un costo económico al gobierno, pues el encarcelamiento de los ilegales corre por cuenta de los contribuyentes.
Si bien es cierto que la política migratoria es un tema de suma importancia y complejidad, y en la que además se halla un vacío tremendo que debe ser remediado, también es cierto que la solución no la encontraremos en la Ley Arizona, la cual viola los derechos humanos del individuo, al basarse en supuestos racistas para llevar a cabo una acción legal.
Lo que resulta grave es que esta ley sea vista como una posibilidad, cuando al encararla, inmediatamente debieran buscarse soluciones integrales que tengan como asunto primordial a la persona y no a la economía o a los intereses políticos. En Estados Unidos se están enterando de que el sur también existe, y éste se hace notar, aunque no era la forma en que debía pasar.
Mario Benedetti no conoció lo que ahora está pasando, sin embargo, sus palabras no podían describir mejor lo que sucede, que "aquí abajo, cerca de las raíces es dónde la memoria ningún recuerdo omite, y hay quienes se descueren y quienes se desviven, y así entre todos logran lo que era un imposible, que todo el mundo sepa que el sur también existe".

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