martes, 27 de julio de 2010

Historia de amor

 

Por: Antero Duks

 

"Es la historia de un amor como no habrá otro igual, que le dio luz a mi vida, apagándose después…"

 

Con cada paso que daba hacia el portón, Jerzy Bielecki estaba seguro de que en cualquier momento le pegarían un tiro.

 

Era el 21 de julio de 1944. Bielecki caminaba a plena luz del día por el campo de concentración de Auschwitz, luciendo un uniforme nazi robado, con su novia judía Cyla Cybulska a su lado.

 

Le temblaban las rodillas del miedo, pero trató de transmitir una imagen de confianza a medida que se acercaba a una garita de seguridad.

 

El guardia alemán revisó su pasaporte falsificado, los observó por un instante que pareció una eternidad y finalmente pronunció las palabras esperadas: "Ja, danke" (sí, gracias) y dejó que Jerzy y Cyla recuperasen su libertad.

 

Los reclusos de Auschwitz decían que la única forma de salir de allí era por las chimeneas de los crematorios. Jerzy y Cyla lo hicieron por una puerta lateral.

 

Bielecki, quien tenía 23 años, aprovechó el status relativamente privilegiado que le daba el hecho de ser un polaco católico que hablaba alemán para planear un osado rescate de su novia judía, quien estaba condenada a morir.

 

"Fue un gran amor", relató Bielecki, quien hoy tiene 89 años, en una entrevista en su casa de esta pequeña ciudad del sur de Polonia, a 85 kilómetros (55 millas) de Auschwitz.

"Planeábamos casarnos y vivir juntos el resto de nuestras vidas".

 

Bielecki tenía 19 años cuando los alemanes lo capturaron pensando que colaboraba con la resistencia --lo que no fue así-- y lo incluyeron en el primer contingente de presos enviados a Auschwitz, en abril de 1940. Todos eran polacos.

 

Le dieron el número 243 y lo asignaron a trabajar en los depósitos, donde de vez en cuando conseguía comida adicional que lo ayudó a sobrevivir.

 

Eso fue dos años antes de que comenzaran las llegadas masivas de judíos, la mayoría de los cuales eran incinerados de inmediato en la vecina Birkenau. A unos pocos les asignaron trabajos forzados en condiciones horrendas, que demoraron su muerte.

 

En septiembre de 1943 Bielecki fue enviado a un depósito de granos. Otro preso le estaba mostrando el lugar cuando se abrió una puerta y aparecieron unas muchachas.

 

"Me pareció que una de ellas, una mujer bonita de pelo castaño, me guiñó un ojo", relata Bielecki con una sonrisa. Era Cyla, a quien le habían ordenado que reparase sacos de cereales.

 

Comenzaron a frecuentarse en el depósito y se enamoraron.

 

En un artículo que escribió para un acto sobre Auschwitz en 1983, Cybulska dijo que durante sus encuentros se contaban sus vidas.

 

La muchacha, sus padres, dos hermanos y una hermana menor fueron apresados en una redada en enero de 1943 en el gueto Lomza del norte de Polonia y fueron llevados a Auschwitz-Birkenau. Los padres y la hermana fueron enviados de inmediato a las cámaras de gases, pero a ella y a sus hermanos los pusieron a trabajar.

 

Para septiembre, Cybulska, de 22 años, era la única que seguía con vida, con el número 29558 tatuado en su brazo izquierdo.

 

A medida que crecía su amor, Bielecki comenzó a planificar una fuga.

 

A través de un amigo polaco que trabajaba en el depósito de uniformes, consiguió un uniforme de la SS y un pase. Usando un borrador y una pluma, cambió le nombre del oficial, por si el guardia lo conocía, y escribió que sacaba a una reclusa para que fuese interrogada fuera del campo, en una comisaría cercana. Se procuró alguna comida, una hoja de afeitar y un suéter y botas para Cybulska.

 

Le dijo a ella cual era su plan: "Mañana vendrá a buscarte alguien de la SS para interrogarte. Esa persona seré yo".

 

Al día siguiente, por la tarde, Bielecki se presentó al sitio donde estaba ella y, sudando, le exigió a su supervisor que se la entregase.

 

La llevó a un portón lateral donde un guardia somnoliento los dejó pasar.

 

Se dirigieron hacia la campiña y se escondieron entre la maleza. Al caer la noche reanudaron su marcha.

 

"Caminar por la campiña y por bosques fue agotador, especialmente para mí, que no estaba acostumbrada a semejantes actividades", comentó Cybulska en su informe, según un libro que escribió Bielecki, "El que salva una vida...".

 

"Tuvimos que cruzar ríos crecidos. Jurek (el nombre polaco de Bielecki) me llevó al otro lado".

 

En determinado momento se sintió demasiado cansada como para seguir y le dijo a Bielecki que la dejase. Él se negó.

 

Caminaron nueve noches hacia la casa de un tío de Bielecki en un pueblo cerca de Cracovia.

 

Allí estaba viviendo su madre, que no cabía de alegría cuando lo vio vivo. Católica devota, no quería que se casase con una judía.

 

Decidieron que era más seguro que ella se escondiese en una granja vecina y que él se fuese a Cracovia. Pasaron su última noche juntos bajo un árbol de peras, haciendo planes para el futuro. Volverían a verse después de la guerra.

 

Cuando los rusos llegaron a Cracovia en enero de 1945, Bielecki recorrió 40 kilómetros (25 millas) a pie bajo la nieve para reunirse con Cybulska en la granja.

 

Pero llegó cuatro días tarde.

 

Cybulska pensó que "Juracek" estaba muerto o se había olvidado de ella y se fue en tren a Varsovia, decidida a buscar un tío que vivía en Estados Unidos. En el tren conoció a un judío, David Zacharowitz, con quien inició una relación y terminó casándose. Los dos se fueron a Suecia y luego a Nueva York, donde el tío de Cybulska los ayudó a abrir una joyería. Zacharowitz falleció en 1975.

 

En Polonia, Bielecki también formó una familia y trabajó como director de una escuela de mecánicos de automóviles.

 

Cybulska dijo que siempre pensó en Jurek y que ansiaba volver a Polonia y averiguar qué había sido de él.

 

Un día le contó su historia a una señora polaca que le limpiaba la casa. La mujer se quedó estupefacta.

 

"Escuché esa historia de un hombre que se presentó en la televisión polaca", le dijo la mujer, según Bielecki.

 

Averiguó su número de teléfono y una mañana de mayo de 1983 Bielecki atendió una llamada en su departamento de Nowy Targ.

 

"Escuché la voz de alguien que se reía, o lloraba, y luego una voz de mujer me dice 'Juracku, soy yo, tu Cyla", recuerda Bielecki.

 

A las pocas semanas se encontraron en el aeropuerto de Cracovia. Él le llevó 39 rosas, una por cada año que estuvieron separados. Ella lo visitó en Polonia varias veces. Juntos fueron al museo de Auschwitz, a la granja cuyo dueño la escondió a ella y a otros sitios.

 

En los hoteles dormían juntos.

 

"Renació el amor", expresó Bielecki.

 

"Cyla me decía: deja a tu esposa y ven conmigo a Estados Unidos", cuenta. "Lloró cuando le dije que no podía hacerle eso a mis hijos".

 

Ella regresó a Nueva York y le escribió: "Jurek, ya no regresaré", según Bielecki.

 

No volvieron a verse y ella no respondió a sus cartas.

 

Cybulska murió en Nueva York en el 2002.

 

En 1985 el Instituto Yad Vashem de Jerusalén le entregó a Bielecki un reconocimiento por haber salvado a Cybulska. El relato que hace el instituto en su portal es similar al que le hizo Bielecki a la AP.

 

"Quise mucho a Cyla, mucho", dijo Bielecki. "Lloré después de la guerra porque ella no estaba conmigo. Soñaba con ella y me despertaba llorando".

 

"El destino decidió por nosotros. Pero yo volvería hacer lo mismo".

 



GEORGE CARLIN

 
(Su esposa murió recientemente)

 

> No es sorprendente que George Carlin, comediante de los años 70 y 80, pudiera escribir algo tan elocuente.


UN MENSAJE POR GEORGE CARLIN:

 

La paradoja de nuestro tiempo es que tenemos edificios más altos y temperamentos mas reducidos, carreteras mas anchas y puntos de vista mas estrechos. Gastamos más pero tenemos menos, compramos mas pero disfrutamos menos. Tenemos casas mas grandes y familias mas chicas, mayores comodidades y menos tiempo. Tenemos mas grados académicos pero menos sentido común, mayor conocimiento pero menor capacidad de juicio, mas expertos pero mas problemas, mejor medicina pero menor bienestar.

Bebemos demasiado, fumamos demasiado, despilfarramos demasiado, reímos muy poco, manejamos muy rápido, nos enojamos demasiado, nos desvelamos demasiado, amanecemos cansados, leemos muy poco, vemos demasiado televisión y oramos muy rara vez.


Hemos multiplicado nuestras posesiones pero reducido nuestros valores. Hablamos demasiado, amamos demasiado poco y odiamos muy frecuentemente.


Hemos aprendido a ganarnos la vida, pero no a vivir. Añadimos años a nuestras vidas, no vida a nuestros años. Hemos logrado ir y volver de la luna, pero se nos dificulta cruzar la calle para conocer a un nuevo vecino. Conquistamos el espacio exterior, pero no el interior. Hemos hecho grandes cosas, pero no por ello mejores.


Hemos limpiado el aire, pero contaminamos nuestra alma. Conquistamos el átomo, pero no nuestros prejuicios. Escribimos mas pero aprendemos menos. Planeamos mas pero logramos menos. Hemos aprendido a apresurarnos, pero no a esperar. Producimos computadoras que pueden procesar mayor información y difundirla, pero nos comunicamos cada vez menos y menos.


Estos son tiempos de comidas rápidas y digestión lenta, de hombres de gran talla y cortedad de carácter, de enormes ganancias económicas y relaciones humanas superficiales. Hoy en día hay dos ingresos pero mas divorcios, casas mas lujosas pero hogares rotos. Son tiempos de viajes rápidos, pañales desechables, moral descartable, acostones de una noche, cuerpos obesos, y píldoras que hacen todo, desde alegrar y apaciguar, hasta matar. Son tiempos en que hay mucho en el escaparate y muy poco en la bodega. Tiempos en que la tecnología puede hacerte llegar esta carta, y en que tu puedes elegir compartir estas reflexiones o simplemente borrarlas.


Acuérdate de pasar algún tiempo con tus seres queridos porque ellos no estarán aquí siempre.


Acuérdate de ser amable con quien ahora te admira, porque esa personita crecerá muy pronto y se alejará de ti.


Acuérdate de abrazar a quien tienes cerca porque ese es el único tesoro que puedes dar con el corazón, sin que te cueste ni un centavo.


Acuérdate de decir te amo a tu pareja y a tus seres queridos, pero sobre todo dilo sinceramente. Un beso y un abrazo pueden reparar una herida cuando se dan con toda el alma.


Acuérdate de tomarte de la mano con tu ser querido y atesorar ese momento, porque un día esa persona ya no estará contigo.


Date tiempo para amar y para conversar, y comparte tus más preciadas ideas.


Y siempre recuerda:


La vida no se mide por el número de veces que tomamos aliento, sino por los extraordinarios momentos que nos lo quitan.


George Carlin.

 



domingo, 25 de julio de 2010

Lo que realmente pasó

 

Obregón y su progreso

 

 Jesús Caudillo

julio / 2010
 

Pensar en México es pensar en su historia, en su vida política, social y económica. Es valorar sus tradiciones y entender su pasado. Echar un vistazo a los hechos que han dado forma a la nación mexicana necesariamente lleva a realizar una prospectiva del futuro que nos espera. Este futuro, por cierto, parece difícil si nos ceñimos en sentido estricto al pasado y las condiciones que éste impone.

La construcción de un México nuevo, en el que impere el bien, lo bueno y lo verdadero pasa necesariamente por la renovación de los paradigmas culturales, sociales y políticos que hoy imperan. Lo que hoy vivimos como valores sociales y culturales tiene que ver con lo acontecido en décadas y siglos anteriores, con la forma en la que nuestra civilización se desarrolló en el tiempo.

Por estas razones, en yoinfluyo.com hoy iniciamos una serie de artículos en los que buscaremos comprender nuestra vida pública actual a partir  del conocimiento de nuestra historia nacional. Como un árbol poseedor de miles de ramas y frutos, la historia de México es, sin duda, un conjunto de acontecimientos a los que se debe acceder con cautela.

El elemento que dará sustento a esta serie son los gobernantes mexicanos. Poco se puede explicar si no se parte de las figuras que encabezaron movimientos políticos, golpes militares, gobiernos y a la administración pública. Poco se puede entender manteniendo la vista alejada de las estructuras que definieron el destino político de millones de personas.

El periodo que se abarcará en esta serie parte del año 1920. Se ha elegido el periodo posrevolucionario por muchas razones. En principio, debido a que es la época en la que el Estado mexicano contemporáneo tomó su forma definitiva, en el que se instauraron las reglas formales e informales del sistema que se mantuvieron vigentes durante las décadas posteriores y hasta nuestros días.

Así, sin más, estimad@ lector@, dejo a su juicio esta serie cuyo objetivo no es otro más que repasar y comprender nuestra historia común para ver nuestro presente desde otra perspectiva.

En yoinfluyo.com buscamos contribuir a la proyección de un nuevo país, de un México en el que la subsidiariedad, la solidaridad, el respeto a la dignidad humana, la justicia y la verdad sean los elementos de cohesión que den sustento a la gestión del bien común. La serie que hoy le presentamos se encamina a todo eso.

Álvaro Obregón, el "culto" anticlerical

La historia de México del siglo XIX y buena parte del siglo XX no se explica si no es a partir del papel jugado por la masonería en la vida política y social mexicana. Las pugnas posteriores al periodo independentista no fueron otra cosa más que la lucha de poder entre dos bandos muy definidos: el rito yorkino y el rito escocés, emanados ambos del movimiento masónico.

Esta lucha llevó, entre otras cosas, a la constante deposición de gobernantes mexicanos y a la inestabilidad política característica de ese periodo. Esa pugna –que posteriormente habremos de analizar– llevó a enfrentamientos militares, facilitó la invasión de ejércitos extranjeros, entre otras cosas.

Pues bien, en ese grupo político-ideológico se formó Álvaro Obregón. Nació en Guaymas, Sonora, en 1877, justo cuando Porfirio Díaz asumió el poder presidencial. Entonces, el país estaba sumido en un estado de inestabilidad y conflicto político por la sucesión presidencial que derrocó a Sebastián Lerdo de Tejada. Llegó Porfirio Díaz a la presidencia y ahí se mantuvo durante 30 años, mismos que correspondieron al crecimiento de Obregón.

Álvaro Obregón fue un militar muy capaz. Sirvió a Francisco I. Madero y combatió el régimen de Porfirio Díaz, por lo que contribuyó a su debilitamiento y caída. Posteriormente se hizo leal de Venustiano Carranza y peleó a su lado contra Victoriano Huerta, Emiliano Zapata y Francisco Villa, luego de la Convención de Aguascalientes. Con su poderío militar venció a Francisco Villa en la Batalla de Celaya.

Luego de participar en la redacción de la Constitución de 1917 y de colaborar en la consolidación del nuevo régimen, se integró como funcionario en el gobierno de Carranza, al que renunció casi de forma inmediata. Posteriormente se enfrentó al propio Carranza cuando éste buscaba definir la sucesión presidencial.

El talento de Obregón para la política y los asuntos de poder era notable. Tenía una gran memoria y un extraordinario carisma. Con su llegada al poder en 1920, fue el primer gobernante que intentó ordenar los efectos de la revolución mexicana y los desastres políticos que ésta implicó, aunque no lo logró a la manera de Plutarco Elías Calles, de quien hablaremos posteriormente.

Dicen los que saben que a Obregón se le reconoce por haber sido el primer presidente en promover la cultura como elemento de progreso nacional. En su periodo de gobierno se crea la Secretaría de Educación Pública, con José Vasconcelos a la cabeza.

Fue entonces cuando se llevaron a cabo campañas de alfabetización, se crearon escuelas y bibliotecas y el gobierno se involucró con poetas e intelectuales extranjeros. El equilibrio y estabilidad del poder presidencial fue una de las misiones que se impuso el propio Obregón, dar el paso del estado político revolucionario hacia la consolidación de un nuevo sistema.

Obregón tuvo necesidad de generar una base social que diera respaldo a su gobierno. Para ello fue creada la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), bajo la iniciativa del propio gobierno obregonista.

Álvaro Obregón también –según siempre le han querido colgar sus detractores-- fue un cruel perseguidor de la Iglesia Católica y de sus iniciativas. Quizá en buena parte esto se explica a partir de su filiación masónica y a las relaciones de poder que mantuvo con sus miembros. No obstante, dejemos a los hechos hablar.

El 6 de febrero de 1921 estalló un cartucho de dinamita en la puerta de la casa del Arzobispo de México, el Obispo José Mora del Río, cuando éste no se encontraba en el lugar. Aunque Obregón atribuyó el ataque a los socialistas –de quienes Mora del Río se había expresado en días previos–, lo cierto es que la CROM fue quien gestó y ejecutó el ataque.

El 1 de mayo del mismo año un grupo de socialistas se manifestó afuera de la Catedral de Guadalajara, se subieron a las torres del edificio y colgaron la bandera bolchevique, misma que fue retirada por jóvenes de la Acción Católica de la Juventud Mexicana (ACJM).

En otro episodio, la Liga Anticlerical Mexicana protestó ante el anuncio del obispo de León, Emeterio Valverde, en el que aseguró la construcción de un monumento a Cristo Rey en Silao, Guanajuato. El delegado apostólico en México, Ernesto Filippi, bendijo la primera piedra del monumento, por lo que fue acusado por aquel organismo de haber violado la Constitución vigente.

El gobierno de Obregón no quiso dirimir el asunto, por lo que la resolución fue clara y contundente: monseñor Filippi debía abandonar el territorio nacional. Aunque El Vaticano gestionó la permanencia del obispo en tierras mexicanas, la orden se dio y fue irreversible.

El 14 de noviembre de 1921, un hombre acudió a la Basílica de Guadalupe. Llevaba en sus manos un arreglo de flores que puso frente al ayate de Juan Diego y en él quedó plasmada la imagen de la Virgen del Tepeyac. Momentos más tarde ocurrió una ensordecedora explosión. La bomba no hizo ningún daño a la imagen, aunque sí a un crucifijo que ahí se encontraba, mismo que quedó doblado por la explosión.

El padre Jesús García Gutiérrez cuenta que a Obregón se le escuchó decir varias veces que no descansaría hasta limpiar su caballo con la imagen de la Virgen de Guadalupe. El presidente fue asesinado en 1928 por José León Toral en el restaurante "La Bombilla", en San Ángel.

El anticlericalismo de Obregón fue sólo un efecto de las batallas liberales que se dieron desde el México del siglo XIX y quizá fue la marca más notoria de su periodo de gobierno.

Como decía don Antonio Díaz Soto y Gama:--"El General Alvaro Obregón es el mejor presidente de la República que México ha tenido, aunque mucho les pese a los imbéciles".  Estos "imbéciles, conformaban una camarilla de "robolucionarios" que se entronizó y se hizo dueña del país cobijada bajo la sombra de don Plutarco Elías Calles, a quien le basaban los pies y lo adornaron con el título de "Jefe Máximo de la Revolución", pero que después, bajo la sombre de Lázaro Cárdenas, lo traicionaron mandándolo al exilio.

Bueno, pues esa camarilla se encargó de vilipendiar al General Obregón, colgándole una serie de "santitos", que no llevaban otra intención que denigrarlo, entre estos "atributos", quizás el principal, es el de acusar lo anticlerical y de Lucifer mismo, cosa totalmente infundada. 

Lo que si hizo o trató de hacer Obregón fue controlar el desmido afán de poder y riqueza del Clero, ambición que tanto daño le hizo a México en el pasado.  Hay que considerar que el Clero, siempre con la llamada nobleza constituyó siempre en estamento privilegiado.  Pero combatir esto no tienen relación alguna con la fe, como han querido siempre colocar la imagen de Alvaro Obregón.. 

 

 

 



Y si de verdad es cierto

 
En riesgo, 80% de los acuíferos en el país

 

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel

Julio / 2010

 

En México

 

En el volumen Estadísticas del Agua en México 2008, la Comisión Nacional del Agua detalló que en el país 77% del líquido concesionado tenía como destino final el uso agrícola; mientras que el abastecimiento público consumía 14% y la industria y las termoeléctricas 4% y 5%, respectivamente

 

El sector agrícola de México utiliza ocho de cada 10 litros de agua, lo que significa que 80% de los recursos hídricos del país están expuestos a contaminarse con agroquímicos, herbicidas y abonos.

Además, según un informe de la ONU, existe una sobreextracción del líquido, que aunado a la quintuplicación de la población entre 1950 y 2007, repercutió en un descenso de 13 mil metros cúbicos en la media anual per cápita que se tenía a mediados del siglo pasado y hoy se ubica en poco más de 4 mil metros cúbicos.

 

En el volumen Estadísticas del Agua en México 2008, la Comisión Nacional del Agua detalló que en el país 77% del líquido concesionado tenía como destino final el uso agrícola; mientras que el abastecimiento público consumía 14% y la industria y las termoeléctricas 4% y 5%, respectivamente.

 

El informe presentado por la ONU, alerta que en América Latina los sectores productivos de uso intensivo de agua, como la minería, la agricultura y la acuicultura "han continuado expandiéndose, con lo que aumentarán las presiones sobre el recurso".

 

Estas actividades, agregó, "se ubican en áreas donde la disponibilidad y calidad del agua no son adecuadas".

 



sábado, 17 de julio de 2010

¿A quién le interesa la juventud?

 

Jesús Caudillo

julio / 2010

 

Desde hace un par de años ha comenzado una oleada de eventos encaminados a dar forma a las políticas de juventud a distintos niveles. Desde 2008 y hasta la fecha, diversos foros e instituciones se han apostado a lo que parece un objetivo común: dotar de elementos fundamentales a los gobiernos para el diseño y ejecución de políticas de juventud. El telón de fondo en todos los casos es el mismo: detrás de todo, la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Ante las numerosas iniciativas, quedan en el aire diversas cuestiones aparentemente menores, pero que no pueden quedar sin respuestas. ¿A quién le interesa la juventud? ¿Por qué la ONU parece empeñada en dar soluciones globales a las problemáticas juveniles? ¿Por qué a cinco años de que venza el plazo para el cumplimiento de los Objetivos del Milenio? ¿Por qué el gobierno federal mexicano reacciona sólo a solicitud expresa de la ONU y no por propia iniciativa?

La Cumbre Iberoamericana 2008 sobre "Juventud y Desarrollo", llevada a cabo en El Salvador en octubre de aquel año, fue un primer intento para establecer lineamientos que dotaran de contenidos a las políticas nacionales orientadas a la juventud y sus necesidades. Ahí se discutió la situación de los niños y jóvenes de la región, sus condiciones políticas, sociales y económicas, así como los retos que cotidianamente enfrentan.

De entre los acuerdos destaca uno por demás interesante. En el punto 8 de los acuerdos se establece: "Someter a consideración de los Jefes de Estado y de Gobierno de Iberoamérica la propuesta presentada por la Organización Iberoamericana de Juventud, denominada 'Programa iberoamericano de Sexualidad, Afectividad y Prevención de Embarazo Adolescente', para que sea incluida en el Programa de Acción a ser adoptado en el marco de la XVIII Conferencia Iberoamericana".

El problema de todo esto va en dos sentidos. Más allá de la desorientación que evidencian las conclusiones y acuerdos de dicha cumbre, destaca la falta de claridad en los métodos, procesos, sistemas y estructuras que emanan de cada uno de los acuerdos. Además, este tipo de acuerdos hacen vinculantes las conclusiones con el diseño de políticas de los países participantes.

Es loable –ya lo hemos dicho en numerosas ocasiones– el intento de los países de la región en erradicar la pobreza, la explotación infantil, el abuso sexual a menores, la trata de blancas, conminar a los medios de comunicación a ser éticos en su labor, fortalecer "las familias como un espacio para las acciones de prevención de riesgos". Sin embargo, esto parece insuficiente.

Y decimos que es insuficiente cuando las necesidades y problemas más fundamentales pasan a formar parte de una agenda común entre países y deja de ser una situación que corresponda a los diversos gobiernos resolver. Sobre todo porque no hay una colaboración conjunta que facilite la resolución de estos problemas.

En el caso de las iniciativas para establecer políticas juveniles en los países de la región y a nivel global pasa algo similar, aunado al hecho de que se acentúa en demasía el problema de embarazos inesperados ­–lo que deja abierta la puerta a la legalización del aborto– y hace permisivo el consumo de anticonceptivos sin orientación médica y psicológica.

¿Quién está detrás de la agenda de juventud? ¿Quién quiere trazar ejes para sus políticas sin permitir a los gobiernos trabajar sobre ellas?

En agosto próximo, México será sede de la Conferencia Mundial de la Juventud 2010, misma que se realizará en León, Guanajuato. Esto, luego de que el Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve) organizara una serie de foros estatales para la elaboración de una política nacional de juventud. ¿Coincidencia?

Como parte de la preparación para el evento, diversos estados han llevado pre conferencias de juventud. De este modo, Guanajuato, Jalisco, Michoacán y Sonora, entre otros, realizaron sus propios foros, acompañados por el Imjuve.

¿Qué podemos esperar de la Conferencia Mundial de la Juventud? Puede que mucho, puede que nada. Otorgando el beneficio de la duda al hecho de que se necesitan lineamientos internacionales para diseñar políticas nacionales de juventud, puede que el evento resulte muy positivo y provechoso para los países participantes.

Aunque si miramos los Objetivos del Milenio y que faltan cinco años para que la ONU entregue cuentas al mundo en ese sentido, realmente podemos esperar poco. Es un cuento del que, aunque con otra trama, ya conocemos el final.

 

 

 



 



Soy como quiero ser en mi Messenger

viernes, 9 de julio de 2010

La tempestad que hemos sembrado

 

José de Jesús Castellanos

julio / 2010

                        El nivel de violencia que estamos viviendo en algunas zonas del país, así como la penetración de los cárteles de la droga en casi todo el país, nos revelan que, más allá de las estrategias acertadas o desacertadas, de la ineficacia o la eficacia de la lucha contra la inseguridad, una parte importante de la sociedad mexicana está implicada en el problema y otra, por diversas causas, lo ha tolerado a través del tiempo.

El narcotráfico en sus diversas dimensiones no es nada nuevo. No es producto de la transición política o de la alternancia. Es un hijo monstruoso de la corrupción del pasado que ha escalado niveles insospechados y como todo Frankestein está fuera de control.

La enfermedad ha penetrado a tales niveles, que hay quienes de manera resignada claman para que el combate a la delincuencia organizada cese, pues es preferible convivir en paz con el enemigo, a estar en medio del fuego cruzado por la lucha de la que ahora todos somos espectadores y, algunos, víctimas colaterales. Asumir esta segunda actitud es claudicar, ceder y condenarse para siempre, del mismo modo como ocurrió con la mafia siciliana.

El presidente Calderón se ha cansado de pedir su apoyo a la sociedad, pero éste no se ve por ninguna parte. Sin embargo, no es que la sociedad no quiera, sino que no sabe. Nadie se ha ocupado de recordar cuál fue la estrategia de Leo Luca Orlando en Palermo, que tantos frutos rindió cuando la lucha policial parecía condenada al fracaso. La alianza gobierno-sociedad, con firmeza y decisión alcanzó muchos logros y debilitó a la mafia, permitiendo que se pudieran asestar serios golpes a los capos y padrinos.

Lo primero que hizo Leo Luca fue distinguir la identidad del siciliano de la del mafioso. Borrar con acciones la idea de que ser siciliano era semejante a ser mafioso. Y no era fácil, puesto que la convivencia, por temor, por complicidad, por silencio o por sometimiento, era histórica. ¿Quién era quién? Vivir mezclados y, sobre todo, aceptados y respetados, era un hecho cultural.

Llamar "Don" a un asesino, extorsionador y corrupto; darle lugar, presencia y trato especial en la vida social; rendirse ante su fuerza, eran parte de los elementos que conformaban su poder. Era necesario, por tanto, romper, también culturalmente, esa simbiosis.

La primera estrategia que propuso Leo Luca Orlando fue la separación, la distancia. No aceptar como "Don" ni dar trato de Señor a quien no lo es. Marginarlo de la vida social, o auto-marginarse de los ámbitos donde se mueven y conviven. Es duro, pero posible. Fue ésa una de las críticas, que, por ejemplo, el político hizo a algunos prelados, incluso cardenales, que daban un trato inmerecido a esos mafiosos, cuya identidad no es desconocida, aunque no se les pueda probar penalmente sus responsabilidades.

Cuando el Papa Juan Pablo II visitó Sicilia, algunos de los mafiosos fueron invitados a reunirse con el Santo Padre. Leo Luca, siendo la autoridad política de Palermo, no asistió, pues consideró inaceptable y hasta insultante, que se abrieran las puertas eclesiales a los mafiosos durante una reunión con el Papa.

Cuando posteriormente, ya sin ellos, Leo Luca se reunión con Juan Pablo II, le explicó la razón de su ausencia, y el Santo Padre se lo agradeció. A partir de entonces, el Pontífice exigió un trato semejante a los príncipes de la Iglesia y a los obispos. No darles preferencia a ellos sobre quienes sin ser mafiosos merecerían más un lugar cerca de la Iglesia.

Algo semejante nos ha ocurrido en la sociedad mexicana. En muchas ciudades del país se conoce y se identifica a los mafiosos. Sin embargo, se actúa con disimulo o incluso con interés, para dar cabida y tratos de honor a quienes se sabe son delincuentes. Es necesario, por tanto, construir barreras, guardar distancia, no contaminarse.

La segunda estrategia fue de tipo cultural. Un cambio de mentalidad, un rescate de los valores estéticos, aunados a los valores universales de los que tanto se habla, pero que en la práctica no encuentran campos propicios de acción.

El vacío cultural o, más bien, la falsa cultura que se ha promovido desde los ámbitos sociales y medios de comunicación, promoviendo y endiosando falsos íconos de la cultura, han generado un verdadero lumpen cultural que ve en lo chabacano, en la moda, en la desinhibición, la promiscuidad y el mal gusto, "valores" modernos que se presentan como propuesta única y valiosa.

Se trata de lo "culturalmente correcto" porque erosiona la "vieja" cultura de valores espirituales y estéticos, de verdadero reconocimiento de lo bueno, lo bello y lo verdadero, sustituido por el mal gusto, lo corrupto y la relatividad absoluta.

La aceptación de esa seudo-cultura, la deseducación, la corrupción y la tolerancia de todo ello, sino es que el afán de formar parte de ella, son los vientos que durante el siglo XX se sembraron en el país y que han desatado una tempestad que a todos tiene asustados, temerosos y hartos.

Esta tempestad no empezó hace 10 años, viene de mucho atrás. Sus víctimas no son únicamente los masacrados, secuestrados y explotados. La corrupción no empezó con el consumo de sustancias adictivas, sino con el envenenamiento de las mentes, los espíritus y el torcimiento de las voluntades. Ahora sólo afloran los efectos.

Lo peor de todo es que muchos de los que condenan lo que hoy vivimos, son impulsores, por vía de la anticultura, de los efectos que condenan. Son ciegos que agitan y siembran vientos, pero más tarde se sorprenden de su cosecha de tempestades.

 

 

 



lunes, 5 de julio de 2010

Uniones homosexuales y el mito de la igualdad

Jesús Caudillo

Julio / 2010

La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) discutirá en agosto próximo la conveniencia de reconocer a las uniones homosexuales como matrimonios en el Distrito Federal. Aunque el dictamen del ministro Sergio Navarro-Valls se inclina por favorecer a las uniones homosexuales, y algunos de los ministros están dispuestos a votar en ese mismo sentido, conviene discutir una vez más algunos aspectos en los que estas uniones vulneran a algunas de nuestras instituciones sociales y políticas más sólidas.

Aun cuando la Corte se preste a este juego político y valide a dichas uniones como matrimonios en nombre de una igualdad que no lo es, la realidad es precisa, clara y contundente. Discutamos.

EL SER HUMANO, LA IGUALDAD Y LOS DERECHOS HOMOSEXUALES

La igualdad entre individuos. El todavía no superado debate entre problemas y condiciones. ¿Qué elementos de la realidad en la que vivimos son problemas que tienen solución y cuáles son condiciones a las que hay que ajustarse y con las que hay que convivir de forma armónica, casi parsimoniosa. ¿Es la desigualdad entre iguales un problema o es una condición?

¿El hecho de que millones de personas no tengan qué comer es un problema o una condición? ¿El que otros tantos no tengan siquiera lo suficiente para vivir es un problema o una condición? ¿Los múltiples fenómenos que azotan nuestra vida pública son problemas o son condiciones? ¿A qué aspiramos cuando hablamos de luchar por la igualdad entre los seres humanos?

Para muchos las condiciones son problemas y para otros los problemas son condiciones. Las respuestas se ofrecen, casi siempre, de acuerdo a intereses políticos y económicos. La raíz de la discusión se pierde cuando se prescinde de lo que da sentido a la igualdad. ¿Por qué los seres humanos somos iguales? ¿Por qué aspirar a la igualdad?

La respuesta es sencilla. La naturaleza del ser humano es única e indisoluble: por más que se deseé otra cosa, el hombre consiste en cuerpo y alma. No hay más. ¿Qué hace iguales a los hombres? Que tienen la misma naturaleza, la misma esencia y el mismo destino. Las condiciones en las que se desarrollan las distintas sociedades humanas difieren entre sí, por lo que el elemento de cohesión que da sentido a la búsqueda de la igualdad es precisamente la naturaleza humana.

Cuando se pide al Estado que sea consistente en el reconocimiento de los derechos de las personas homosexuales -y por tanto se alude a la igualdad como justificación a cualquier decisión política- en realidad no se hace referencia al concepto de igualdad que responde a la esencia y naturaleza del ser humano. El reconocimiento de las personas homosexuales se da en tanto que se les acepta como ciudadanos.

La petición que hacen grupos y movimientos homosexuales en el sentido de que se les reconozca su unión sentimental como matrimonio contraviene enteramente la aspiración de la igualdad.

Desde esta perspectiva, las personas homosexuales no se reconocen de origen como iguales, por lo que cualquier intento o aspiración a la igualdad resulta vano en tanto que ellos cesen el rechazo que se profesan a sí mismos como iguales de los demás. De ahí el reclamo a que se les reconozcan sus uniones sentimentales como matrimonios, aunque eso no resuelva el problema necesariamente.

Luigi Ferrajoli, famoso jurista italiano y estudioso de la igualdad en el espacio público, en su documento Igualdad y diferencia, ha distinguido entre "diferencia" y "diferencias". El primer concepto es la diferencia de sexo que existe entre los individuos integrantes de una sociedad. Esta diferencia sostiene al resto de las diferencias de identidad (de lengua, etnia, religión, opiniones políticas y similares).

Ferrajoli diferencia las civilizaciones cuyas leyes respetan y "valoran" las diferencias, y las que niegan esa diversidad que enriquece al espacio público, señalando como ideal aquel primer modelo.

Esta visión, según Ferrajoli, en vez de ser indiferente o intolerante con las diferencias, garantiza a todas su libre afirmación porque no las deja a merced de la medición de fuerzas entre los actores públicos. Además, no privilegia ni discrimina ninguna diferencia, sino que las asume a todas como dotadas de igual valor y prescribe para todas igual respeto y tratamiento.

La perspectiva en cuestión entiende a la igualdad en los derechos fundamentales como el igual derecho de todos a la afirmación y a la tutela de la propia identidad. Aunque la norma es la igualdad, el hecho es que la diferencia, mal llamada desigualdad, viene a ser una realidad contemplada en este planteamiento.

El planteamiento de Ferrajoli pierde sentido cuando, una vez más, renuncia a contemplar al ser humano en su entera naturaleza y enraíza su reclamo de igualdad en la validez de todas las posturas e identidades, sin fundarlas en valores y elementos que dan sentido profundo a esas diferencias.

No se aspira a modelos e ideales, sino que se observan como válidas -sin que ello contraiga una connotación negativa- todas las visiones, posturas y personalidades que surjan en el mundo. El hombre es uno y la igualdad parte de su esencia, naturaleza e identidad, no de los elementos periféricos que le disputan su atención.

La sexualidad cobra una relevancia fundamental en el esquema de la homosexualidad, dado que la vivencia plena y en la verdad de "ser hombre" y "ser mujer", como notas imprescindibles del ser humano, permite mantener la necesaria congruencia con la realidad y se alejan de cualquier intento de distorsionarla a capricho.

EL PAPEL DEL ESTADO RESPECTO A LA IGUALDAD

El Estado actúa adecuadamente cuando reconoce que la igualdad entre sus ciudadanos se funda en la naturaleza del ser humano, y no cuando atiende a razones que desvirtúan dicha naturaleza, cualesquiera que éstas sean.

Las instituciones del Estado existen para atender problemas públicos, esa su razón de ser. Cuando las estructuras gubernamentales son capturadas y encaminadas a resolver situaciones que no competen al interés público, han arribado a un estado de corrupción del que deben recuperarse para reorientar su vocación.

Afirmar que las uniones homosexuales deben ser reconocidas por las instituciones del Estado como matrimonios es una falacia en tanto que no se atiende algún problema público y, por el contario, se orienta a la estructura estatal hacia terrenos de captura. En definitiva, las uniones homosexuales no son un problema público porque éstas no corresponden a un fenómeno de desigualdad.

¿Cómo sabemos si las uniones homosexuales son un problema público? La reconocida filósofa Nora Rabotnikof, en su obra En busca de un lugar común, indica que lo público es "lo que es común a todos, lo que representa el interés 'general' por sobre los intereses 'particulares'"; "lo que es 'visible' o 'manifiesto', en contraposición con lo 'oculto', 'oscuro'"; "lo que es 'abierto' o 'accesible' a todos, (…) en contraposición a lo 'clausurado'".

La publicidad de las uniones homosexuales no es tal en tanto que atiende a intereses muy particulares. De acuerdo a documentos y estudios -de los que yoinfluyo.com tiene copia- son pocas las personas dentro del ambiente homosexual que buscan casarse.

He aquí algunas cifras reveladoras: el 79.1 por ciento de los homosexuales del Distrito Federal no le gustaría conformar un matrimonio con su pareja; el 65.5 por ciento de esa población asegura que su relación no requiere de un compromiso legal o religioso para ser vivido, mientras que el 66.7 por ciento de los homosexuales no cree en el matrimonio y sólo el 0.2 por ciento afirma que no se casa porque no está permitido por las autoridades.

Parece que en el fondo hay intencionalidad política que pervierte a las instituciones del Estado porque son capturadas, desde el ámbito legal, por intereses particulares que se alejan del interés público, aun de la propia población homosexual.

NATURALEZA DEL MATRIMONIO Y EL PAPEL DEL ESTADO

La naturaleza del matrimonio, desde siempre, ha sido la unión entre un hombre y una mujer. Este hecho no es únicamente una situación cultural. Así lo ha desarrollado el hombre desde el inicio de las civilizaciones humanas.

El antecedente del matrimonio data desde el inicio de las sociedades humanas y, por ende, desde antes del surgimiento del Estado como concepto y realidad que hoy apreciamos y estudiamos. El Estado, por su parte, lo reconoció como un hecho inherente a la naturaleza de la convivencia del hombre, quien pertenece e interactúa en una sociedad, a la sirve y con la que colabora.

Si el Estado asume la responsabilidad de legislar sobre un hecho que no creó, sino que reconoció según los antecedentes y realidades históricas, se está atribuyendo facultades que no le corresponden y, por lo tanto, está adquiriendo un rostro ajeno al de su naturaleza, razón de ser y vocación.

En pocas palabras, el Estado es sobrepasado por la realidad del matrimonio tal cual ha existido desde siempre. Cuando se abroga la facultad de transformar la definición y razón de ser de esta institución, el Estado adquiere un cariz que desdibuja su verdadero rostro. Llega a ser, incluso, ridículo.

EN SÍ, ¿A QUÉ ASPIRAMOS CUANDO HABLAMOS DE IGUALDAD?

A todo esto, se argumenta que el valor que se encuentra detrás del reconocimiento de las uniones homosexuales como matrimonios es la igualdad para las personas homosexuales. Sin embargo, pocos hablan de los niños y la posibilidad de ser adoptados por estas parejas. Al escuchar el reclamo de este supuesto derecho es inevitable cuestionar quién es el favorecido con la adopción.

La adopción es un recurso orientado desde la subsidiariedad y la solidaridad que permite a los niños beneficiados la reducción de las brechas económicas, acceso a la educación, a la salud y garantiza su derecho a vivir en familia.

Con el reconocimiento de las uniones homosexuales se está validando la facultad de adopción, como si los niños fueran un producto u objeto de cambio. ¿Se adopta por el capricho de los nuevos papás o porque el Estado genuinamente se encuentra preocupado por ofrecer una nueva oportunidad a los adoptados?

En la adopción el principal beneficiado debe ser el adoptado, no los que adoptan. La adopción por parte de uniones homosexuales antepone los intereses de los que adoptan y no de los adoptados. ¿Los niños no tienen derechos? Desde esa óptica falaz y tramposa, ¿los niños no tienen derecho a ser educados por padres heterosexuales?

El interés del niño es superior al de los adoptantes. El Estado debe garantizarlo y no permitir que sus instituciones sean capturadas por intereses particulares, cualesquiera que éstos sean. La Suprema Corte tiene una oportunidad histórica para convalidar la vigencia de nuestras instituciones. Sería una lástima que por presiones o por conveniencia, renuncien a esta oportunidad histórica de trascender


Participación ciudadana

Por. Paola Villela.

Tras la aprobación de la modificación del concepto de matrimonio realizado por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF), surgió un movimiento de la sociedad civil que busca defender la familia e interesado en presentar a la ALDF una iniciativa para modificar el Código Civil ¿Tú ya te sumaste?