Por: Federico Müggenburg
Con las palabras que encabezan esta Reflexión, Ignacio Ramonet tituló su artículo de primera plana del mes de marzo de este año, en "Le Monde Diplomatique" en español. Ramonet, cabe recordarlo, es un comunicólogo y semiólogo hispano-francés, ideólogo de la Internacional Attac y del Foro Social Mundial de Porto Alegre, además de uno de los cuatro biógrafos "autorizados" del anciano dictador Fidel Castro Ruz. Es también uno de los tutores ideológicos de Hugo Chávez, junto con el germano-mexicano Heinz Dieterich, la chilena-cubana Marta Harnecker y el difunto argentino Norberto Ceresole.
Decepcionado y triste por la trasformación de los socialistas europeos en socialdemócratas, hace un recuento de sus fracasos en los procesos electorales europeos, volteando la cara a favor de lo que él llama el "contraste que está renaciendo hoy con tanta pujanza y tanta creatividad, un nuevo socialismo del siglo XXI, en algunos países de América del Sur (Bolivia, Ecuador, Venezuela). Mientras en Europa, a la socialdemocracia le llega su fin de ciclo".
Es obvio que Ramonet tiene mirada de tuerto y no ve o aparenta no ver la escena completa. La "gobernanza global socialdemócrata" planteada en 2004 por Felipe González y otros teóricos de la Internacional Socialista, como Anthony Giddens, es la "síntesis dialéctica" entre los "antagonismos dialécticos" del Foro Económico Mundial de Davos y del Foro Social Mundial de Porto Alegre, es decir, entre los globalifílicos y los globalifóbicos.
Se hace hoy, a semejanza de lo que durante la Guerra Fría se expresó como "antagonismos dialécticos" irreconciliables y se pretendió inventar como la "síntesis dialéctica" entre el modelo representado por Estados Unidos, frente al de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
Entonces, apareció la conformación de los "No alineados" que se expresaron en el llamado "socialismo autogestionario" de Josif Broz Tito, en Yugoeslavia, y en el modelo teórico soviético inventado por Lenin y Nathan Roy, llamado "nacionalismo revolucionario", experimentado en Egipto por Gamal Abdel Nasser y en la India por Nerhu, del que posteriormente supimos de su adopción por los priístas en México.
Ciertamente que la intención de los socialdemócratas actuales fue anticipada por la "teoría de la convergencia", ideada por Zbigniew Brzezinski en los 70, aplicada posteriormente por Cirus Vance, secretario de Estado del presidente James Carter, teniendo como consecuencia la entrega de media África a los soviéticos y la aplicación del llamado "socialismo preventivo" en Nicaragua, que tuvo tan nefastos efectos para toda Centroamérica.
A la trasformación de los socialistas democráticos en socialdemócratas corresponde también la trasformación de varios democristianos en socialtecnócratas, como se ha manifestado particularmente en Alemania y Chile, por la pérdida de la referencia y aplicación de los puntos de la doctrina social católica, que estuvieron vigentes durante 35 años (1957-1992) en la integración, reconciliación, reconstrucción y consolidación de la Unión Europea.
Ignacio Ramonet añora las viejas posturas del "socialismo radical" que estuvo vigente en Europa, durante la tiranía soviética en la URSS, así como por la acción subversiva de los partidos y sindicatos comunistas en Europa Occidental, incluida su trasformación al Eurocomunismo, es decir, su distanciamiento del "socialismo burocrático soviético".
Los planteamientos de la Internacional Attac, así como sus estrechos vínculos con la IV Internacional Trotzkysta, quedaron en evidencia al menos hasta que, como una consecuencia de los ataques del radicalismo musulmán a las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, "obligó" a los globalifóbicos a tomar distancia de los terroristas y desaparecer la recién integrada "rama antiimperialista" de Attac, nacida en Asís en julio de 2001, y así evitar un señalamiento y persecución que hubiera terminado con su proyecto.
De entonces a la fecha han preferido manifestarse como "altermundistas". Cabe referir también que la Internacional Attac se partió en dos bloques en el verano de 2006. Por un lado los "leninistas" o "realistas" y por el otro, los "gramscianos" o "utópicos". En el primer grupo se ubicaron Nikonoff, Aguiton, Houtart, Cassen, Bové y Ramonet; y en el otro, la estadounidense naturalizada francesa, Susan George y el líder sindical Pierre Khalfa, entre otros.
El rencor de Ramonet contra los socialdemócratas está alimentado por el "patrocinio" de los petrodólares venezolanos y las diferencias cada vez más claras entre la estrategia radical de Hugo Chávez y el giro de Luiz Inacio Lula da Silva, del trotzkysmo a la socialdemocracia, que también llevó a la ex presidente Michelle Bachelet, en Chile; al ex guerrillero Mauricio Funes, en El Salvador, y al ex "tupamaro", José Mújica, en Uruguay, a convertirse en socialdemócratas.
Así que, más que un "fin de ciclo", es la consolidación de la síntesis dialéctica por donde quieren conducir al mundo, con la pretensión de una "gobernanza global socialdemócrata" impulsada por la "Internacional Socialista" y la "Organización de las Naciones Unidas". Es un proyecto de "gobierno mundial" que destruye las soberanías nacionales. A ello contribuyen las débiles posturas de los gobiernos democráticos, como se evidenció en la reciente reunión latinoamericana en Cancún.

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