jueves, 24 de junio de 2010

La otra cara de Sudáfrica y el Mundial

 

Jesús Caudillo

junio /  2010

 

En Sudáfrica hoy se está celebrando la fiesta futbolística más grande del orbe, pero de lo que ocurre en sus calles y provincias se conoce poco. El país africano ha sido, entre otras cosas, territorio de resguardo para migrantes, perseguidos políticos y refugiados. Provenientes de países colindantes o envueltos en conflictos étnicos, miles de personas han arribado a Sudáfrica con el objetivo de iniciar una nueva vida, de volver a empezar..

 

SUDÁFRICA Y EL APARTHEID

 

Había terminado la Segunda Guerra Mundial apenas en 1945. Para entonces, en 1948, el Partido Nacional sudafricano llegó al poder. Ese hecho marcó el comienzo del Apartheid. A pesar de los esfuerzos de las Naciones Unidas, que apenas comenzaba a ver la luz, la segregación racial en Sudáfrica se instauró como una política del poder en turno.

De este modo inició una etapa de rechazo y violencia entre sudafricanos. Con la muerte de Smuts, entonces presidente, en 1948, con la llegada del Partido Nacional al poder, Werrner Eiselen como secretario de Asuntos Nativos y Verwoerd como Primer Ministro, surge el nacionalismo racista que da forma al Apartheid. El Partido Nacional permaneció en el poder hasta la década de los noventa.

 

La palabra Apartheid se compone de "apart", de raíz inglesa que significa "aparte" y "heid", de origen holandés, que se refiere a "ganado o rebaño".

El Apartheid tiene como característica la creencia en la superioridad de la raza blanca. Por ello, una política en esa época en Sudáfrica fue la separación territorial entre blancos y negros, aun cuando tuvieran la misma nacionalidad. A pesar de que las personas de raza negra tenían superioridad numérica, fueron confinados a los "ghettos", que no eran otra cosa sino territorio en la periferia de las ciudades sin infraestructura ni recursos naturales.

 

La convivencia entre ambos grupos sociales fue bastante complicada a partir de las medidas implementadas por el gobierno sudafricano. Para las personas de raza negra, la estancia en la zona de personas blancas era obstaculizada: todos los hombres y mujeres de raza negra mayores de 16 años debían portar tarjetas de identificación con fotografía e indicaciones del grupo étnico al que pertenecían.

 

Por si fuera poco, se les pidió cargar con una libreta en la que se especificaba si el que la llevaba estaba al corriente en sus pagos de impuestos, si contaba con registro de empleo y si tenía permiso para estar en la zona blanca. Si el obligado no cargaba su documento, se le acusaba de delito.

 

Aunque las personas de raza negra tenían derecho al sistema de salud, a la educación, entre otros servicios, el acceso a éstos era diferenciado de las personas de raza blanca, ya que los negros eran obligados a atenderse con médicos diferentes y a entrar a la escuela por accesos distinto.

 

Ante los sistemáticos abusos perpetrados por el gobierno sudafricano a la mayoría de sus habitantes, surgió una marcada disidencia que se fortaleció con el paso de los años. A ésta perteneció el reconocido líder y ex presidente sudafricano Nelson Mandela, quien, entre otros, fue perseguido por el gobierno y obligado a permanecer en la clandestinidad cuando el conflicto escaló a un nivel no imaginado.

 

Mandela fue uno de los fundadores del Congreso Nacional Sudafricano, iniciativa que logró la condena del gobierno. En 1962, Mandela fue detenido y en 1964 se le condenó a cadena perpetua por el delito de "alta traición". Entonces, la ONU y diversos organismos regionales, así como líderes políticos del mundo, clamaban por la liberación de Mandela.

 

Luego de haber permanecido 26 años en prisión, Mandela fue liberado en 1990. Un año después, el gobierno sudafricano ordenó el cese del apartheid. En 1994, Nelson Mandela fue elegido presidente de Sudáfrica.

 

LA GUERRA QUE ATRAJO ARGELINOS

 

Desde el ocaso de la Primera Guerra Mundial, Angola se convirtió en un país atractivo para las potencias militares y económicas por su posición geográfica estratégica. Luego de un proceso de negociación política, Portugal queda a cargo de su nueva colonia, Angola.

 

Aunque desde el comienzo de su etapa colonial se gestaron movimientos independentistas, no fue sino hasta la década de los cuarenta cuando éstos comenzaron a tomar forma. En 1956 se formó el Movimiento Popular por la Liberación de Angola (MPLA), de corte izquierdista, mientras que un año más tarde se fundó el Frente Nacional para la Liberación de Angola (FNLA), opositora al MPLA.

 

Ante la dura respuesta portuguesa a la presencia de ambos movimientos, -en la que mataron a 50 mil angoleños- el MPLA y el FNLA buscaron fortalecer su postura liberacionista en la búsqueda de aliados de talla internacional. Fue así como el MPLA fue apoyado por los países no alineados, mientras que el FNLA encontró cobijo y recursos bajo el amparo de Estados Unidos, Europa Occidental y Sudáfrica.

 

En 1975 cayó la dictadura portuguesa. Luego de la Revolución de los Claveles, el gobierno portugués buscó negociar con el MPLA y el FNLA para dar paso a una transición política que abriera un nuevo horizonte en la vida de Angola. Esto significó el inicio de un periodo de guerra que costó muchas vidas y enfrentó a la población angoleña.

 

El FNLA, en la búsqueda del control político total de su país, atacó al MPLA, hecho que suscitó una nueva y cruenta guerra civil en Angola. Sudáfrica, de la mano de Estados Unidos, apoyó al FNLA con el propósito de evitar la presencia de gobiernos comunistas en su periferia. Además, el FNLA fue apoyado por mercenarios portugueses e ingleses, China y Zaire.

 

Sudáfrica, sin embargo, al igual que Cuba, tomó un papel protagónico en el conflicto. Bajo el argumento de prevenir la presencia de la guerrilla Swapo cerca de su territorio, se crearon las Fuerzas de Defensa de Sudáfrica, mismas que pelearon contra el MPLA y sus aliados. Cuba fue el país que directamente enfrentó al contingente sudafricano de forma militar, lo que equilibró el conflicto.

 

Fue hasta 2002 cuando, a partir de un largo conflicto, se declaró el cese de las hostilidades cuando se impuso el MPLA y los movimientos opositores fueron exterminados. El saldo de la guerra fue de 500 mil muertos, 100 mil mutilados y 4 millones de refugiados, de los cuales 450 mil fueron protegidos por el gobierno sudafricano.

 

DICTADURA Y ÉXODO EN ZIMBABUE

 

Sudáfrica volvió a ser sede de refugiados cuando, en 2007, Zimbabue registró un éxodo masivo de sus habitantes.

 

A pesar de que en la década de los 80, Robert Mugabe participó activamente para lograr la independencia de Zimbabue, cuando asumió el poder en 1987 sus actividades políticas y militares atrajeron muchas dudas sobre la conveniencia de mantenerlo en el poder.

 

Esto dejó de ser importante, dado que Mugabe, militar de alto rango, implementó un gobierno parecido a una dictadura, en la que la oposición política y la disidencia son castigadas con el exilio y con la muerte.

 

Se le atribuye la responsabilidad del increíble disparo de la inflación de su país, registrada en 140 millones por ciento; además, a pesar de haber perdido en las urnas en un par de ocasiones, ha logrado la reelección en el cargo, por lo que permanece en él desde hace más de veinte años.

 

Sin embargo, el éxodo de sus compatriotas que se dio en 2008 no tuvo precedentes. Ese año se conjuntaron dos elementos trascendentes. Por un lado, la profunda crisis económica que sufrió Zimbabue, en la que se registró una inflación de hasta 10 mil por ciento y una tasa de desempleo del 80 por ciento en su población económicamente activa.

 

Por otra parte, en marzo de ese año Zimbabue se dio un nuevo proceso en el que resultó vencedor Morgan Tsvangirai, opositor y candidato del Movimiento Democrático de Cambio. Mugabe convocó a una segunda vuelta, pero Tsvangirai se resistió a participar, dado que no existían garantías de elecciones limpias y transparentes. Mugabe fue reelegido.

 

En abril de ese año llegaron a Sudáfrica más de 70 mil personas, que fueron albergadas en refugios y campamentos en condiciones precarias de salubridad. Por si fuera poco, los recién llegados fueron víctimas de discriminación, violencia y segregación en Sudáfrica.

 

Efecto del Apartheid o no, el hecho es que los sudafricanos, contados entre los pueblos más intolerantes hacia los extranjeros, comenzaron a ejercer violencia sobre los zimbabuenses, a quienes confinaron a nuevos "ghettos". A ellos quemaron, golpearon y persiguieron, aun cuando la policía sudafricana condenaba estos hechos. Brotó un nuevo tipo de xenofobia, la practicada por aquellos que antes fueron segregados.

 

Los ojos del planeta están en el Mundial de futbol de Sudáfrica y, aunque es un evento que cohesiona y da forma a una convivencia sin precedentes en aquella región del mundo, también obliga a replantear una situación que se cree superada en el continente africano.

 

El antecedente histórico que ubica a aquellos países como colonias, en términos generales ha llevado a conflictos bélicos y guerras civiles que les impiden la consolidación estructural, social, política y económica. En África el progreso se ha negado porque parece haber una consigna nacionalista e internacional que produce estos efectos.

 

Mientras tanto, mientras la guerra civil se mantiene vigente en la vida de ciertos países africanos, el balón sigue rodando. Mientras cientos de miles son exiliados de su patria y obligados a enfrentarse a una nueva vida, ante la cual no hay elementos para dar la cara, el mundo sigue mirando los grandes estadios de futbol y no las marcadas injusticias que en estos días siguen ocurriendo.

 

El Mundial es una fiesta universal que celebra la competitividad, el temple, el tesón para luchar por un objetivo. Festeja la sabiduría para alcanzarlo y la perseverancia en la batalla. El continente africano merece más que el Mundial. Que los ojos del mundo permanezcan en África aun cuando se consagre un nuevo campeón del futbol mundial.

 

 

 



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