Alberto Nuñez Esteva
¿Te gustaría ser pobre? ¿Te gustaría arrastrar tu pobreza vendiendo chácharas a los turistas a los cinco años de edad? ¿Te gustaría desayunar sólo un té de hierbas? ¿Te gustaría lastimar tu dignidad pidiendo —exigiendo—- que te regalen algo? ¿Te gustaría…?
Y esta pobreza nacional se da en un marco de desigualdad, donde un 10% de la población retiene el 41% de la riqueza y otro, el de nivel más bajo, sólo el 1.2%.
¡Educación, educación y educación! acción que puede y debe corregir la desigualdad ¡Cierto!, pero no será realidad, mientras los municipios pobres cuenten con escuelas deficientes e insuficientes maestros, en forma tal que éstos tienen que atender alumnos de todos los grados de primaria. Países desarrollados en materia de educación asignan los mayores presupuestos y los mejores maestros a los lugares en los que se sufre de mayor desigualdad, apoyando así la cohesión social. En México hacemos lo contrario. Nuestro sistema educativo consolida y promueve la desigualdad.
Todo esto es pasto seco para la violencia, cantera para el crimen organizado y focos de resentimiento social. Lo más a lo que pueden aspirar seres humanos que nacen y viven en la pobreza, mal alimentados desde su niñez y que no tuvieron la posibilidad de terminar ni siquiera la primaria, es, en su mayoría, el abandono de su hogar para obtener trabajos indignos y mal pagados. Por hambre, algunos roban y están en la cárcel; mientras tanto, los especuladores financieros que roban de manera sofisticada y provocan debacles financieras mundiales, como la del 2008, disfrutan de sus yates y sus residencias con los millones de dólares obtenidos de su irresponsable actividad.
La pobreza es un problema holístico con muchas facetas, es una consecuencia y no una causa ¿Qué pasa en un país incapaz de hacer crecer su economía a niveles aceptables y generar, por lo tanto, los empleos que requiere su creciente población? ¿Incapaz de ofrecer educación de calidad? ¿Incapaz de reducir la impunidad, la corrupción y la violencia, para transitar hacia un pleno estado de derecho? ¿Incapaz de negociar las reformas macroeconómicas que requiere el desarrollo del país? ¿Incapaz de…? Simplemente, este país se transforma en una fábrica de pobres, y esto, desafortunadamente, es lo que le sucede a nuestro México, en donde la pobreza, según el CONEVAL, ha aumentado entre el 2006 y el 2008 del 42 al 47%, incluyendo en este porcentaje la miseria, la cual ha aumentado del 13% al 18%.
Enseñar a pescar y no sólo dar el pescado, en un lago abundante en peces. Financiar el bote de los pescadores y las redes con las que trabajan. Poner atención en el pescador y en su comunidad, buscando el desarrollo integral de la persona y no sólo el asistencialismo. Esto es lo que se necesita.
Pero también se necesita crecimiento económico elevado que impulse la generación de empresas socialmente responsables y éstas sean fuente de empleo digno para miles de mexicanos. Corporaciones que busquen la integración de los sectores marginados dentro de sus cadenas de valor, capacitándolos como proveedores calificados de los productos que pueden desarrollar en su comunidad (hortaliza producida en invernaderos, por poner un caso de la vida real). Negocios que provean a la denominada Base de la Pirámide llevando los productos que necesita el enorme mercado de pobres —quienes tienen que comer, vestir, atender su salud y vivir bajo techo— pero de acuerdo a sus necesidades reales, en forma tal que se puedan abatir los precios considerablemente sin merma de la calidad. Promover el espíritu innovador y emprendedor entre los miembros de las comunidades pobres a través de la academia, para ayudarlos a descubrir al pequeño empresario que llevan adentro y su potencial oculto. Empresarios, academia, organizaciones de la sociedad civil, ciudadanos todos ellos empeñados en abatir la pobreza atacándola en su raíz, cada uno atendiendo este reclamo desde su vocación natural.
¿Y el gobierno? Le pedimos a la Presidencia de la República, a los gobernadores y a los presidentes municipales que no utilicen los programas para fines electorales, sino que optimicen los enormes recursos que destinan al ataque a la pobreza mediante programas bien diseñados y operados con medidores de eficiencia, reconociendo la dignidad de la persona y llevando el mensaje, dentro del asistencialismo propio de su acción, de que nadie puede hacer por los pobres lo que no estén dispuestos a hacer por sí mismos para salir de su pobreza.
Proponemos un diálogo entre el sector empresarial, la academia, las organizaciones de la sociedad civil, y las secretarías de gobierno (SEP, SEDESOL, SAGARPA, SE, y otras) con un solo propósito ¿Cómo unimos esfuerzos y aplicamos nuestros recursos —materiales, empresariales, intelectuales, filantrópicos— para atacar el enorme problema de la pobreza en México?
Si nos unimos en lo esencial y atacamos uno por uno los graves problemas que padece nuestro país, México será otro. Empecemos ahora, mañana puede ser demasiado tarde.

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