martes, 26 de octubre de 2010

Suprema Corte: ¿sabios o eruditos?

 

Por: José de Jesús Castellanos

Octubre / 2010

 

 

Desde que en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) se incorporó el estudio del Derecho, parece que algunos de sus egresados han adquirido un perfil técnico que ha puesto de lado la filosofía del derecho, los principios generales del derecho y el olvido de que el objeto del Derecho es la justicia.

 

Eso me tocó constatarlo hace algunos años en algunas mesas de negociación con abogadas de dicho perfil que laboraban en la Secretaría de Economía (SE). Fue necesario pedir que en su lugar ocupara la mesa de trabajo el Director Jurídico de la dependencia y, entonces, ya fue posible entendernos.

 

Comento esta situación para hacer referencia a lo que está sucediendo en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y no necesariamente con ministros vinculados al ITAM, sino por la forma como se han resuelto algunos asuntos presentados ante el que es el máximo tribunal que existe en el país, no necesariamente por la calidad de sus juicios, sino porque no existe una instancia superior a la cual apelar y lo que allí se resuelve pasa a ser "verdad legal", aunque no necesariamente un acto de justicia.

 

En los grandes temas que se han estudiado allí, particularmente en los juicios de constitucionalidad, he podido observar que los criterios de los ministros cambian a conveniencia, se olvidan algunos principios que son válidos en otros casos y, finalmente, existen resoluciones que son más políticas o ideológicas que jurídicas.

 

En unos casos se afirma que se aplica "a la letra" lo escrito en la Constitución, y en otros, que se interpreta. En este último, las interpretaciones ni siquiera se han referido al "espíritu del legislador" o a los derechos humanos como un concepto superior, sino a una interpretación "modernizadora" de la Constitución, más allá de lo que los constituyentes dijeron o escribieron, sino de lo que, supuestamente, harían en los tiempos modernos, ante supuestas nuevas necesidades.

 

Pero, hasta donde he visto, no impera en la Corte un criterio de justicia. Si acaso, y precisamente allí radica el problema, se ha hecho referencia a un concepto de "legalidad", dándole validez a lo que aprueban los legisladores en algunas leyes particulares, cuando precisamente lo que está a discusión es la justicia que mediante la ley quiso promover el Constituyente.

 

En ese sentido, la renovación por periodo cumplido o por muerte de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación plantea el reto del perfil que dicha institución requiere por parte de quienes la integran a fin de que la justicia, como su nombre lo indica, sea el principio rector de  la vida social, y no un mero legalismo donde la interpretación técnica de la letra e, incluso, otros valores como los estéticos sean los que intervienen cuando se trata de decisiones trascendentes para las personas y la sociedad.

 

En los casos de la legitimación de la legislación del Distrito Federal en los temas de aborto permitido hasta la decima segunda semana de la gestación, pasando sobre la naturaleza humana del concebido; las uniones de homosexuales calificándolas caprichosamente de matrimonio, cuando se carece de la nota esencial que lo constituye, y en la decisión de permitir la adopción por parte de dichas uniones, que privilegió el deseo de los adoptantes sobre el derecho primordial al beneficio del adoptados, es decir, del niño, son una muestra clara de cómo la Corte ha perdido la brújula, por más mayoritarias que hayan sido sus decisiones.

 

Ni el legislador ni los jueces son los creadores del Derecho. Ellos hacen la ley y no por serlo es justa. Si el objeto del derecho es la justicia, el instrumento para lograrlo es la ley, de ahí que al conjunto de las mismas se les aplique por analogía el concepto de derecho. El problema es que no siempre ocurre de esa manera y para asegurar que no sea el mero hecho de legislar lo que prevalezca, se buscó que los jueces fueran hombres sabios, prudentes y justos. Pero hay que distinguir la sabiduría de la erudición o de las habilidades técnicas.

 

Ojalá quienes propongan y quienes decidan, evalúen qué se desea que sea esta instancia tan importante para la vida democrática de la nación.

 

 

 



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