Pastor Fernando Alexis Jimenez
Mariana llega, como suele hacerlo cada mes, para reclamar su cheque de subsidio estatal. Lo guarda con sumo cuidado en el bolsillo más profundo de su bolso y sale presurosa. Viste con humildad. Incluso, ya va siendo hora que cambie de zapatos. Están muy viejos. Detrás, decenas de personas, al igual que ella, esperan su turno para recibir su ayuda. Son indigentes algunos, otros desempleados. Residen en los suburbios de Londres.
Hay algo que sorprende en esta mujer que raya los cuarenta años. Ella, es prima de la Reina Isabel Segunda. Es una descendiente real. Más inverosímil aún. Sus padres tienen una fortuna que se estima en 33 millones de euros. Sin embargo vive en la miseria.
Prefirió la inopia aún cuando podría disfrutar todas los privilegios que quisiera, pero reside en una casa desvencijada, de tejas rotas, paredes húmedas y una antejardín que evidencia abandono.
¿Cómo vive usted?
La Biblia dice que usted y yo somos hijos de Dios. Nuestra vida no puede ni debe proseguir en la miseria. Fuimos llamados a una existencia renovada. Pero al igual que Mariana Mowalt, la protagonista del relato, millares de personas prefieren seguir en la indigencia, tanto física como espiritual. Desprecian la nueva vida en Cristo que el Padre nos ofrece.
El Señor Jesús relató la historia del hijo de un acaudalado hombre. Un día pidió su parte de la fortuna y la malgastó. En la ruina, volvió la mirada a la realidad. Reconoció su error. Admitió que no tenía por qué seguir igual. Regresó a casa y pidió perdón a su padre.
"El joven le dijo: 'Papá, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco que se me llame tu hijo. Pero el padre ordenó a sus siervos: '¡Pronto! Traigan la mejor ropa para vestirlo. Pónganle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero más gordo y mátenlo para celebrar un banquete. Porque este hijo mío estaba muerto, pero ahora ha vuelto a la vida; se había perdido, pero ya lo hemos encontrado.' Así que empezaron a hacer fiesta." (Lucas 15:21-24. Biblia Nueva Versión Internacional).
Igual usted. Puede ser uno de los tantos hijos pródigos de la modernidad. Es hora que despierte. Reflexione. Su vida puede ser diferente. Dios perdona todos sus pecados. No importa cuántos errores haya cometido en el pasado. El le espera con los brazos abiertos. Quiere darle una nueva oportunidad. ¡Hoy es el día de comenzar una vida renovada!¡Decídase!¡Basta ya de vivir en derrota!.
Por favor, no deje que pase este día sin que tome la mejor decisión de su vida: recibir a Jesucristo como su Señor y Salvador. Es la mejor decisión que pueda tomar…
Querien Vangal
¿La buena vida, o la mala vida? ¿La vida de Dios, o la vida del mundo? Usted no puede tener ambas. Es una u otra. Tiene que escoger.
Usted puede tratar de retrasar esa decisión. Puede tratar de aferrarse a la mala vida mien¬tras trata de alcanzar la buena vida, para poder ver si es algo que usted realmente quiere antes de que abandone todo lo que el mundo tiene que ofrecer. Pero, créame, usted no es tan alto.
Nunca podrá probar la buena vida por sí mismo hasta que no esté dispuesto a soltar la suya, hasta que no esté dispuesto a confiar en la Palabra de Dios y confiar en que Él tendrá cuidado de usted.
¿Qué le sucederá cuando haga eso? Comenzará a vivir la vida que Dios describe en el Salmo 1. Usted "será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará".
Eso significa que sus raíces se profundizarán tanto que ninguna sequía podrá secarle ni ninguna tormenta podrá derribarle. No importa lo que suceda en el mundo a su alrededor, usted prosperará.
Cuanto más fuerte sople el viento, más flexible será usted en la brisa. La depresión y la inflación no podrán quebrantarle. Cuando las lluvias dejen de caer y todos los demás se sequen, usted seguirá prosperando y dando el fruto del Espíritu, porque estará extrayendo el alimento del río.
Así es la buena vida, y no hay nada que el mundo tenga que ofrecer que se le pueda comparar. Yo lo sé por experiencia. Una vez que se atreva a soltar la suya y a confiar en Dios, usted también lo sabrá.
Lectura Mateo 16:25 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.

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