viernes, 5 de agosto de 2011

El reino de Dios y su justicia





Por Cash Luna







Dios tiene un reino, pero dentro de ese reino, opera un principio muy valioso llamado justicia.





He estado encontrando todos los principios del reino de Dios que nos van a hacer vivir de tal manera que seamos efectivos dentro del Reino.





El fin vendrá cuando el evangelio del reino sea predicado a toda persona. Entendí algo: que el evangelio del Reino es una realidad sobre nuestra vida y será predicado efectivamente en aquellos hijos que vivimos efectivamente dentro del Reino de Dios. Usted y yo tenemos la responsabilidad de aprender a vivir, para que las otras personas reconozcan que sobre nosotros operan ciertos principios que hacen que nuestra vida sea diferente y que al ponerlos en práctica, siempre vendrá una recompensa para nuestra vida.





Jesús les enseñó a orar así: "Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino". No dice: "Venga a nosotros la riqueza, ni la prosperidad," sino venga a nosotros tu Reino. Por desconocimiento, dejamos de poner en práctica ciertos principios. Usted debe enseñarlos por generaciones.





Vamos a aprender algo que va a repercutir dentro de su casa. Todo lo que le voy a compartir no va a funcionar si no lo pone por práctica. Esto tiene que ver con su fe, con el conocimiento que usted tenga, con las respuestas que por mucho tiempo ha estado esperando.





Mateo 6:25





Por tanto, os digo no os afanéis por vuestra vida qué habéis de comer o vestir.



Habla acerca del afán y Jesús enseña acerca de confiar en El, de confiar en sus promesas y su Palabra.





33Mas buscad primeramente l reino de Dios y su justicia y todas estas cosas os serán añadidas.





Quiere decir que Dios tiene un reino, pero dentro de ese reino, opera un principio muy valioso llamado justicia. Una cosa es que usted diga: "Voy a hacer que el reino me bendiga", y otra es poner a funcionar la justicia del reino de Dios. El es justo, ¿usted confía en la justicia de Dios? ¿Cómo es la justicia de Dios? ¿La conoce? ¿Cómo opera? Dios es bueno, pero ¿cómo es El? Le da a cada quien de acuerdo a lo que le toca, pero eso es muy general. Tarde o temprano usted va a necesitar que Dios haga justicia en su vida a favor suyo. Dios me comenzó a revelar la segunda parte, que es la justicia que Dios hace, la justicia en las manos de Dios y hay una justicia que está en sus manos.





Buscad primeramente el reino…Sea un buscador del reino. En lugar de estar buscando cosas raras en Internet, busque el reino. En lugar de estar buscando novia, busque el reino. Haga que el reino lo siga, que se establezca. Jesús les enseñó: "pidan". Venga a nosotros tu reino. Esto se pide. ¿Cuántas veces ha pedido: "Señor, establece tu reino en mi vida?".





Busque la justicia. Le voy a hablar ahora de justicia, y cómo opera. ¿Sabe que tiene que ver con usted y con sus hijos? ¿Sabe que tiene el poder de pagarle de acuerdo a sus actos? ¿Que tiene su propia luz, que resplandece de tal manera que la verdad se evidencie?





Salmo 103:6





Jehová es el que hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia.



¿Qué tal esto para cuando las cosas están duras? Dios dice que Él hace justicia y derecho para todos los que padecen violencia. ¿Cuántos han sido víctima de la violencia? Debemos decirle al Señor que haga justicia, que creemos en su justicia.





Lucas 18:1





También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar.





Debemos ser insistentes. En el reino de Dios, el insistente es el que logra mucho, pero el débil, el que se rinde, el derrotado ese no va a lograr nada. El que dice: "Ahorita me respondes", no puede llegar con Dios así. El principio es el siguiente: no desfallecer. El problema es cuando lo hacemos, cuando dejamos de creer insistentemente acerca de algo. La justicia de Dios tiene que ver con nuestra fe, con ver realizado lo que esperamos.





2Diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario.Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?





Aparecen en esta parábola varias cosas: orar insistentemente, perseverar en la oración. Uno deja de hacerlo cuando se da por vencido y la fe no le da para seguir esperando lo que Dios quería hacer con usted. Será bien pensado que venga una viuda a pedir justicia si esta viuda sabiendo que sí hace justicia, le va a caer a ella. Hay personas que piden justicia, y cuando se hace, se vuelve en contra de ellos. Va de pedir, y qué si al final los culpables son los que tanto pedían. Pero esta mujer decidió pedir justicia porque sabía que su causa era justa. Orar insistentemente. "El que persevera, alcanza, al que cree todo le es posible". Vamos a pedir justicia porque creemos que El es justo, así como lo es nuestra causa, pero no pretendamos pedirla cuando el corazón que tenemos no es el correcto. Si pide justicia por venganza, o por demostrar algo, no la va a conseguir. Hay personas que dicen: "Lo que me hicieron no es justo", eso déjeselo a Dios. ¿A cuántos de ustedes los han despedido injustamente? ¿A cuántos los han acusado de algo que no han hecho? ¿A cuántos de ustedes les han robado?





Si usted logra que ese verso se haga realidad en su vida, ya estuvo el mensaje de Dios. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos que claman a El día y noche? ¿Se tardará en responderles? Les digo que pronto les hará justicia. El hace justicia pronto, pero no en el tiempo que uno quisiera.





Le voy a contar mi historia: Sucede que yo trabajaba en X lugar, y me esforcé, trabajé duro, hallé gracia frente al jefe del departamento y me comenzó a dar tareas de asistente. Por mis manos, pasaban varios millones de quetzales en efectivo. Ya era una responsabilidad grande, me daban las llaves de donde estaban todas las cosas de valor. Se fue el asistente y pensé: "Me van a hacer un examen". Y ¿adivinen qué? Lo perdí. Pero con buen punteo, todos los demás sacaron menos que yo; sin embargo, pusieron a uno que había sacado menos que yo. Entonces, humanamente, se me retorció todo. Sentí cosas feas, pero dije: "Voy a seguir". Pasé mi proceso difícil. Segunda oportunidad, esta vez no hubo examen, así que dije "está mejor", pero igual pusieron a otro. Llegó la tercera oportunidad y se lo dieron a otro nuevamente. Y hasta ahí llegué, presenté mi carta de renuncia. Me dijeron: "seguí, ya estás cerca, habrá otras oportunidades", pero yo ya estaba mal. Y me puse así porque empecé a ver mal a la persona que puso a tres personas antes que a mí. Pasé un proceso muy difícil. Primero uno dice: "Señor, ¿qué pasó?". Uno pide justicia. Para no hacérsela larga, me fui y a la semana o quince días, ya tenía otro trabajo. Dije: "Hoy sí les voy a demostrar quién soy, y se van a dar cuenta que perdieron a una joya. Les voy a demostrar que yo puedo, que Dios está conmigo", y ¿sabe qué paso? No me dieron a mí la oportunidad. Seis meses tardé en mi nuevo trabajo. Me puse mal.





Entré en un proceso donde tenía que cambiar mi corazón, porque los motivos que tenía para pedir justicia eran los incorrectos. Pedía, pero mal; creía, pero mal; esperaba, pero lo hacía mal, de acuerdo a mis motivos incorrectos. Pasaron los años, Dios me bendijo, me prosperó como nunca. El siguiente trabajo ganaba tres veces más que lo que ganaba en el anterior lugar y me fue mejor, después de ese proceso. Cuál fue mi sorpresa que llegó el día en que me llaman y dicen: "Pastor, aquí hay un señor que se llama tal y tal, representa a la iglesia xx y viene a pedir asesoría sobre el Modelo de Jesús". La vida da muchas vueltas. Ahí estaba sentado el mismo señor que había escogido a tres antes que a mí. Me lo encontré, lo saludé, nunca le mencioné eso. Ni siquiera le pregunté nada. Porque sabía que desde ese momento, era el momento preciso donde se iba a evidenciar el corazón que tenía: si era vengativo o resentido, era el momento preciso para evidenciarlo.





Leer Efesios 5:1-13





Dios es justo, El hace justicia. Yo debo ser justo para cuando llegue el momento de hacer justicia. Leímos ahora la parte donde dice que todas las cosas cuando son puestas en evidencia, por la luz son hechas manifiestas. Hay momentos en la vida donde nos toca confiar que la misma verdad salga a la luz. Esta va a evidenciar lo que realmente se dijo, se hizo. A veces se dice que hemos cometido algo malo, pero la verdad es la única que va a evidenciar lo que hicimos, ya que simplemente es una acusación. Pero dentro del reino de Dios, hacer justicia, significa que la verdad salga a luz. Por eso, esta mujer se atrevió a pedir justicia porque sabía que su causa era justa. La justicia tiene su peso y la verdad también. Al final del proceso, la verdad siempre prevalece. Al que anda en tinieblas, eso le perjudica, pero si usted lo que hace es en la luz, lo que le toca es esperar que la verdad salga a luz y que se haga justicia. Le tomaron la herencia, espere que le hagan justicia. Sea justo usted, crea en la justicia divina; tiene que haber fe para creer en ella.





Malaquías 3:4




Y será grata a Jehová la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, y como en los años antiguos. Y vendré a vosotros para juicio; y seré pronto testigo contra los hechiceros y adúlteros, contra los que juran mentira, y los que defraudan en su salario al jornalero, a la viuda y al huérfano, y los que hacen injusticia al extranjero, no teniendo temor de mí, dice Jehová de los ejércitos.





Hay personas con las que uno no se debe meter. Asegúrese de ser justo con sus trabajadores. Porque cuando haga negocios, va a cosechar lo que con sus trabajadores ha hecho. No se meta ni con la viuda ni con el huérfano. Me gusta cuando dice: "Yo vendré a ustedes para juicio y seré testigo contra los hechiceros y adúlteros". ¿Cree que hay gente que hace hechicería contra nosotros? Pero Dios dice que hará juicio contra ellos, para que no te hagan daño, yo te protegeré y haré que mi justicia sea sobre tu vida y sobre la de tus hijos.





En el reino hay justicia y opera sobre los hijos de justicia. Cuando la ha tenido en sus manos, ¿ha ejercido justicia o venganza? ¿Sabe qué ha pasado? Que si hoy estuviera la viuda aquí, diría: "Insistan, no desfallezcan, hay que orar de día y de noche". De que Dios hace justicia, hace justicia. Estamos en un país donde necesitamos justicia divina y de hombres que sean justos para con los demás. Comienza con usted, con su trabajo y sus hijos.





Voy a pedirles a todas las personas a quienes les robaron, les quitaron o injustamente perdieron un trabajo, los señalaron de algo que no hicieron. Sabe que antes que yo me saliera del trabajo que le conté, me involucraron en un robo. ¿Sabe qué pasó? Salió a luz la verdad. Eran más de quince personas las involucradas, antes de que yo renunciara. Y no me fui hasta que salió a luz la verdad, porque a la verdad no hay que tenerle miedo, se necesita que salga y que se ponga del lado de quienes la tienen. La verdad paga y paga bien.





Voy a orar por cada persona que ha sido víctima de la injusticia. "Padre, ya di tu Palabra, tu mensaje, aquí están tus hijos que claman por justicia y esto es aprender a vivir en el reino, conocer que el reino está a nuestro favor y que nos estás oyendo. Hoy pongo delante de ti la causa de todos ellos, quizás tomaron lo que era de ellos, quizás alguien se aventajó y los engañó, pero hoy como portador de tu Palabra y como creyente, te pido que se haga justicia, que tomes en cuenta la causa de cada uno de ellos, que haya un juicio del cielo y que la justicia opere sobre la vida de cada uno de ellos. Creo que eres un Dios justo y que hoy estableces tu reino, que vienes a establecer tu reino y tu justicia. Que hoy el peso de la verdad sea sobre sus vidas para evidenciar lo que es justo".





Es justa su causa, póngala ahora delante de Dios. Diga: "Señor, haz justicia con esto que me han hecho, no busco venganza, no lo hago con rencor, ni por injusticia, pero creo que hay una justicia y saldrá a luz la verdad, sácala".





"Hoy los bendigo, creo en el poder de tu Palabra y en el peso de la verdad. Una vez más, no buscamos venganza, sólo busco que me bendigas como lo has hecho siempre, saca a luz la verdad. Padre, muchas gracias. Amén".











Dios te puede levantar (Salmo 9)



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Si queremos alabar a Dios aceptablemente, debemos alabarle con sinceridad, con todo nuestro corazón. Cuando damos gracias por alguna misericordia en particular, debemos recordar sus misericordias anteriores. No debemos regocijarnos en la dádiva tanto como en el Dador. Los triunfos del Redentor deben ser los triunfos del redimido. —La omnipotencia de Dios es tal que Sus enemigos más fuertes y empecinados no pueden resistir. Estamos seguros que el juicio de Dios es según verdad y que en Él no hay injusticia. Por fe su pueblo puede acudir a Él como Refugio de ellos, y puede confiar en su poder y en su promesa y descansar en Él. Quienes saben que Él es el Padre eterno, le confiarán sus almas como cuidado principal, y confiarán en Él en todo tiempo, aun en el final, y por el cuidado constante procurarán ser aprobados por Él en todo el curso de sus vidas. ¿Quién es el que no busca a Aquel que nunca ha abandonado a quienes le buscan?




Vv. 11—20. Quienes creen que Dios es para ser grandemente alabado, no sólo desean alabarle mejor; también desean que otros se unan a ellos. Vendrá el día en que se verá que Él no ha olvidado el clamor del humilde, tampoco el grito de la sangre de ellos ni el clamor de sus oraciones. —Nunca somos llevados tan bajo, tan cerca de la muerte, que Dios no pueda levantarnos. Si nos ha salvado de la muerte espiritual eterna, podemos esperar que en todos nuestros padecimientos Él sea una ayuda muy presente para nosotros. —La providencia soberana de Dios ordena así con frecuencia que los perseguidores y los opresores sean llevados a la ruina por los proyectos que formaron para destruir al pueblo de Dios. Los borrachos se matan; los pródigos mendigan; los contenciosos se acarrean mal a ellos mismos: así los pecados de los hombres pueden leerse en sus castigos y queda claro para todos que la destrucción de los pecadores es de ellos mismos. Toda maldad vino originalmente con el malo del infierno; y quienes siguen en el pecado, deben ir a ese lugar de tormento. El verdadero estado, de naciones y de individuos, puede estimarse correctamente por esta sola regla: si en sus obras recuerdan u olvidan a Dios. —David exhorta al pueblo de Dios a que espere su salvación, aunque sea largamente diferida. Dios hará que se vea que nunca se olvidó de ellos: no es posible que se olvidara. Es raro que el hombre, polvo en su origen, pecador por su caída, al que se le recuerda continuamente ambas cosas por todo lo que hay en Él y acerca de Él, deba aún necesitar una aguda aflicción, un grave castigo de parte de Dios, para ser llevado al conocimiento de sí mismo y hacerlo sentir quién es y lo que es.







Dios prepara EL CORAZON (Salmo 10)





https://feedads.g.doubleclick.net/~a/pH1-ije05XPu0EN-q0gtCqlOi3Q/p0ETKoYxpNXiBw0CHrPL_yCNLVQ/0/pi(Comentario del SALMO 10)



Versículos 1—11. El salmista se queja de la maldad del impío. 12—18. Pide a Dios que se manifieste para alivio de su pueblo.

Vv. 1—11. Los alejamientos de Dios son muy penosos para su pueblo en especial en tiempos de tribulación. Nos alejamos de Dios por nuestra incredulidad y, luego, nos quejamos de que Dios se aleja de nosotros. —Las palabras apasionadas contra los hombres malos hacen más mal que bien; si hablamos de su maldad, que sea ante el Señor, en oración; Él puede mejorarlos. El pecador se gloría orgullosamente en su poder y éxito. La gente mala no busca a Dios, esto es, no lo invoca. Ellos viven sin orar, y eso es vivir sin Dios. Tienen muchos pensamientos, muchos objetos y aparatos, pero no piensan en el Señor en ninguno de ellos; no se someten a su voluntad ni buscan su gloria. La causa de esto es el orgullo. Los hombres piensan que los rebaja el ser creyentes. No podrían quebrantar todas las leyes de la justicia y la bondad hacia el hombre, si primero no se hubieran sacudido de todo sentido de religión.




Vv. 12—18. El salmista habla con estupefacción de la maldad del impío y la paciencia y tolerancia de Dios. Dios prepara el corazón para orar, enciende deseos piadosos, fortalece nuestra fe más santa, fija los pensamientos y suscita el afecto y, luego, en su gracia acepta la oración. La preparación del corazón es del Señor, y debemos buscarlo a Él en eso. —Que el creyente pobre, afligido, perseguido o tentado recuerde que Satanás es el príncipe de este mundo y que es el padre de todo impío. Los hijos de Dios no pueden esperar bondad, verdad o justicia de las personas que crucificaron al Señor de la gloria. Pero este Jesús, una vez sufriente, reina ahora como Rey sobre toda la tierra, y de su dominio no habrá fin. Consagrémonos a Él, confiando humildemente en su misericordia. Él rescatará al creyente de toda tentación, y romperá el brazo de todo malvado opresor, y herirá dentro de poco a Satanás bajo nuestros pies. Pero solo en el cielo será eliminado todo pecado y tentación, aunque en esta vida el creyente pruebe anticipadamente su liberación.





Adorar en espíritu y verdad



Estudio Cristiano Devocional



La adoración y la alabanza NO es solo cantar, DIOS no recibe tu canto, ÉL recibe tu vida.





La alabanza tienen que ver con decir algo bueno de alguien como una forma de agradecimiento y lo utilizamos mucho para referirnos a Dios; nadie merece ser adorado solo Dios, por lo tanto la adoración hace que nuestro enfoque se dirija a la persona correcta, es decir a DIOS, la adoración nos enfoca en EL que es el único merecedor de toda adoración y alabanza.





Una de las cosas más importante es en lo que termina el Capítulo 4 del Apocalipsis: La creación se suma a ellos para adorarle.





La adoración ineludiblemente nos lleva a la apersona del Señor Jesucristo y eso ayuda al corazón del ser humano y nos hace ver a todas las personas como iguales delante de ÉL. Cuando adoramos provoca que la presencia de DIOS descienda.





Hay un principio: DIOS siempre viene al encuentro de sus adoradores, esto no lo podemos evitar. Esta es una plataforma para el mover profético y el despertar de los dones y ministerios.





La adoración y la alabanza NO es solo cantar, DIOS no recibe tu canto, ÉL recibe tu vida, por lo tanto, si tu vida no es muy buena pero tu canto si lo es, DIOS no lo recibe; pero si tu vida es muy buena y tu canto no es muy bueno, DIOS lo recibe.





Adoración tiene que ver no solo con cantar, adoración tiene que ver con tu estilo de vivir diariamente, para que DIOS acepte tu ofrenda de canto. La adoración nos tare lo celestial del cielo y lo profético se activa.





Hay un orden de prioridades de la cual depende la eficacia de tu ministerio, también dependerá el grado e influencia y de convocatoria que tendrás con la gente, eso te dará la habilidad para activar milagros y provocar un mover profético. Estas prioridades son:





· El ministerio prioritario es DIOS, el adorar a DIOS: La palabra de DIOS nos enseña amarás al Señor tu DIOS con todo tu corazón.



· Ministrar a la iglesia: Somos levantados como ministerios para edificar el cuerpo, la Palabra de DIOS dice que El ha constituido apóstoles, profetas, evangelistas, pastores maestros, para edificar al pueblo.



· Ministrar a los pecadores porque la adoración te impulsa hacia afuera



· Dedicar tiempo para echar fuera demonios.



Cuando la iglesia no tiene en cuenta sus prioridades pierden su hogar, su matrimonio y sus hijos, por que no saben cual es su prioridad. Algunos piensan que su prioridad es la iglesia o su ministerio y dejan tirados sus hijos, pero cuando hay un orden de DIOS el hombre debe dedicarse en este orden a:



· Su esposa



· Sus hijos



· Su iglesia



· Ministerio





Pero cuando no llevamos este orden, no vemos estos frutos personales ni ministeriales y cuando no enseñamos ni practicamos esto, la iglesia entra en un naturalidad y no hay fluir espiritual.





La alabanza provoca algo en el alma, es decir provoca algo en los pensamientos, sentimientos y en la voluntad de las personas.
La adoración es del Espíritu y requiere de un conocimiento de DIOS, por eso la palabra de DIOS dice que: Él busca adoradores en espíritu y en verdad (Juan 4: 23).




La adoración es la llave que nos permite desatar todos los elementos proféticos.




Salmo 100. Algunas personas pierden la perspectiva de quien es DIOS. La principal adoración es la vida que yo llevo como persona, en el diario vivir que la adoración te sature, te eleve, como un altar de adoración, con una adoración continua, porque si dejamos que la adoración a DIOS inunde nuestra casa va a suceder lo que ocurrió con la llegada del Arca de Dios a la casa de Obed –Edom (2 Samuel 6:12). Es comprender que al establecer adoración en tu casa, los enemigos de la presencia de DIOS huyen.





2 Samuel 6:6-7, Uza (representa la fuerza humana), él murió después de tocar el Arca de Dios, porque no es con fuerza humana que se hacen las cosas, no es con conocimiento humano, no es con "mi yo", ni con mi habilidad que yo voy a traer la presencia de DIOS.





Obed es un siervo, cuando él probó la presencia de DIOS en su casa, fue impactado por la presencia de DIOS y fue prosperado en todo. Obed vivía en forma honorable; DIOS nos bendecirá como a Obed, cuando nos dejemos impregnar de Su Presencia, entonces ÉL bendecirá nuestra forma de vivir. La Gloria de DIOS estuvo mucho tiempo en la casa de Obed-Edom, DIOS se asentó ahí, trajo un llamado para él y para su descendencia para cuidar el Arca de Dios.





Vemos en esta historia que David escudriñó la Palabra de DIOS para saber en que punto del camino no hicimos lo que la Palabra nos enseña y trajimos muerte. David sabía que su mal proceder no venía de DIOS. Muchas de las cosas que suceden no son culpa de DIOS, ni del diablo tampoco, sino que son el resultado de nuestros errores, porque recogemos la cosecha de lo que sembramos por nuestro proceder.





David a la siguiente vez que tuvo que transportar el Arca de DIOS, hizo lo que la Palabra de DIOS enseña sobre la forma adecuada de transportarla; en 2 Samuel 6:13, nos muestra como David sacrificó dos animales como símbolo de planificación de las obras del hombre, esto representa el santificar simbólicamente el proceder y el caminar de todo el pueblo para que DIOS se manifestara con Gloria.





Hermanos lo mismo debemos hacer nosotros, verificar según las Escrituras para saber que es lo que estamos haciendo mal y empezar hacer las cosas conforme las Escrituras nos enseñan.





David y salomón fueron hombres con muchos errores, pero prepararon un pueblo para entender que la adoración no es trabajo de 5 personas. David entendió que si él lograba que DIOS descendiera y lograba mantener la Gloria de DIOS en Israel, no habría enemigo que los venciera y los derrotara. Pero David no podía hacerlo solo, por ello preparó cantores (miles de cantores), trompetistas , salmistas proféticos que se turnaban, gente ordenada que se mantenían junto al Arca adorando a DIOS 24 horas, 7 días de la semana, 365 días al año durante 30 años. David vivió para que a DIOS se le diera honra y gloria todos los días en Israel.







En Juan 4, Cuando la Samaritana le preguntó a Jesús, Él le respondió: "Se ha de adorar al padre en Espíritu y en verdad, por que tales adoradores ÉL busca".




La protección de DIOS viene cuando el pueblo se convierte en un pueblo adorador por que la nube de DIOS se establece sobre esa nación adoradora.









La SED por MÁS >> (testimonial)



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https://feedads.g.doubleclick.net/~a/pH1-ije05XPu0EN-q0gtCqlOi3Q/G9iPTd82tonk7SYAcSvy-LPeEcY/1/piEL PLAN DE DIOS PARA LAS RELACIONES INTERPERSONALES

Por Sharon Hersh




"NO ME hago falsas promesas, no puedo soportar la frustración de romperlas". Mis amigas y yo hablábamos de cómo pensábamos relacionarnos con otras personas en el futuro cercano. Pero la verdad era que me sentía un poco insegura en cuanto a ese asunto. Toda la confianza que sentía sobre el tema se había desvanecido cuando, el que había sido mi esposo por más de veinte años, me dijo que había encontrado un alma gemela, y que quería el divorcio. Para mi familia, eso fue como si algo se hubiera roto en mil pedazos sin que toda la terapia y la sabiduría de este mundo pudieran repararlo.




"Prometo dejar de regañar a mi esposo por la manera en que me ayuda en la casa", dijo una amiga. "Después de quince años, es hora de que acepte lo que sí hace, en vez de quejarme por lo que no hace".




Asentí con la cabeza, pero mi corazón sentía el aguijón que se experimenta cuando otras personas hablan acerca de sus matrimonios. Hasta ese momento había estado divorciada por más de diez años, y todavía sentía un poco de humillación cada vez que recordaba que ya no era miembro del club de las casadas.




"Me comprometo a pasar más tiempo con mis hijos, incluso si eso significa ver películas de varones".




"Voy a salir más a menudo con mi esposo".




Mi divorcio fue solo el primer episodio en una temporada terrible de dificultades. Sufrí una recaída en el vicio de la bebida, y dañé a mucha gente en el proceso, incluida yo misma. Mi hijo se deprimió y experimentó con las drogas. Mi hija, quien había tenido siempre las calificaciones más altas en la escuela secundaria, y ganado el premio como la alumna de mejor carácter cristiano, ocho años más tarde confesó que era alcohólica. Mi mejor amiga decidió que ya no podía seguir siendo tal. Mi iglesia se dividió, y nuestros amigos quedaron en ambos lados de la división.




Tal vez usted pueda ver el porqué yo era un poco reacia a hacer promesas. Pero también sabía que yo no era la única que me sentía confundida en cuanto a qué esperar. Preguntemos a las mujeres mayores de treinta años de edad en qué se ha convertido la vida afectiva con que soñaban, y no será raro escuchar historias de tiempos difíciles, de corazones destrozados, y de sentimientos de pesar. Mientras miraba a mis amigas que estaban alrededor de la mesa, pensaba en sus propias historias de dolor y de frustración, y me maravillaba de su determinación de seguir esperando.




Nuestro anhelo no es un error, y no está mal tenerlo. Pero tengo la sospecha de que no soy la única que ha interpretado erróneamente ese anhelo a través de los años, creyendo que un simple toque humano puede satisfacer nuestra sed. La realidad es que todos sufrimos decepciones. Todos tenemos relaciones que fallan. Todos conocemos la soledad. Yo sabía que Dios me había creado para vivir en comunidad con otras personas, pero sentía miedo de esperar algo en un mundo que yo no podía controlar.









Comenzar y creer de nuevo (2/2)



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¿Cómo podemos recuperar la valentía para amar de nuevo plenamente, cuando hemos experimentado el dolor de una familia fracturada, de adicciones, agravios, o sueños hechos pedazos?




Tómese unos minutos para pensar en qué aspecto tendrían sus relaciones, especialmente las difíciles, si fueran imágenes colgadas en la pared. Por más que algunas evoquen sentimientos de tristeza, vergüenza, enojo o decepción, ¿no hay algo más dentro de ellas? Por dentro y por fuera, alrededor, y a través de todo nuestro risible discernimiento, el deseo da un tirón a nuestros corazones. Creemos erróneamente que este anhelo nos llama a hacer algo meramente externo. Parece como si lo que buscamos está a la vuelta de la esquina, pero cuando llegamos allí ya no está.




Nuestro anhelo de conexión es tan fuerte, que aun después de doblar la esquina mil veces, son sentimos obligados a esperar y a decirnos con cada nueva oportunidad, aunque sea en una medida pequeña: Ésta sí va a ser la experiencia que funcionará, la que responderá a mi necesidad. por Sharon Hersh




Nos humilla pensar que Dios nos haya creado con una necesidad que nos mueva hacia su amor: hallar sosiego para descansar en el Señor Jesucristo. El Señor nos creó con la sed de tener comunión con Él. Pero muchas veces ese deseo se vuelve confuso por las luchas y decepciones de la vida, especialmente cuando nos apoyamos en otros para que lo satisfagan. La confusión, la frustración y la decepción se mantienen constantes en medio de los romances y de las amistades que vienen y van.




En momentos cuando no pude hacerme promesas a mí misma, necesitaba entender la conexión entre el espacio vacío que había en mi corazón, y el Dios que podía llenarlo, como el agua que llena un vaso.




Desde entonces, he llegado a comprender que solo después de que damos los pasos para asegurarnos de que hemos iniciado la relación más importante en la vida —la relación con Dios— y de que estamos creciendo en ella, es que podemos empezar a captar su propósito para relacionarnos con otros. Pero apreciar realmente nuestra necesidad de compañía y de comunidad, solo es posible si somos sinceros con el Señor y con nosotros mismos. La atracción constante hacia los demás, que nos hace vulnerables, es una suave presión que viene de Dios, y nada de qué avergonzarse. Cuando estemos tentados a decir: "Ya no me importa" o "No necesito a nadie", correremos el riesgo de perder la plenitud que Dios quiere que experimentemos en Él por medio de los demás. Apartarnos de su plan nos endurece el corazón, y lentamente nos convierte en personas resentidas. Ahora puedo ver que dejar a las personas fuera de nuestras vidas tiene consecuencias espirituales nefastas; es imposible hacer caso omiso de nuestra necesidad de conexión, sin dañar nuestra unidad con Dios.




También he descubierto que la comunión de la familia, de los amigos y de los vecinos no es el destino final; es el camino que nos lleva a algo más. Tal vez le resulte difícil aceptar esta verdad, a alguien que no esté buscando una experiencia espiritual; que quiera solo tener un esposo que no se duerma frente al televisor, hijos que no le respondan bruscamente, y amigos que le devuelvan las llamadas. Puesto que nuestras relaciones humanas están frente a nuestros ojos, es difícil renunciar a la tendencia natural de creer que nuestro anhelo de conexión tiene que ver solo con las realidades humanas.




Pero el aspecto más sorprendente de la revelación es éste: los altibajos de nuestras relaciones interpersonales tienen el propósito de llevarnos a una unión más estrecha con Cristo. Nuestros corazones fueron diseñados por un Creador que quiere estar en comunión con nosotros más allá de lo que podemos imaginar. Esto es lo que Él desea. Ese es el propósito original de nuestra existencia, y la base de nuestra vida con Él. Conocer este hecho nos permite amar sin temores, incluso cuando tengamos la sensación de que todo está perdido.




Esa noche, mientras mis amigas y yo hablamos de nuestros deseos y fracasos, reconocimos que parecía un poco absurdo estar dispuestas a creer otra vez en las relaciones perfectas. Por todo el dolor y la decepción que habíamos enfrentado en el pasado, era muy natural que nos preguntáramos si era razonable tener la esperanza de un nuevo comienzo. Pero recordamos la promesa divina de que "para Dios todo es posible" (Mt 19.26), y que las relaciones interpersonales son parte importante del plan de Dios para hacernos santos. Inclinamos nuestras cabezas en oración, adoramos a Aquel que nos dio la sed de tener conexiones, y le pedimos la fuerza para beber profundamente de la fuente que Él ha provisto para saciarla.











..:: VASIJAS DE BARRO ::..




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En una lejana comarca había un aguador que tenía dos vasijas grandes que colgaban de los dos extremos de un palo que él sostenía sobre los hombros. Una de las vasijas tenía una rajadura; la otra estaba en perfectas condiciones. Esta última siempre llegaba llena de agua, mientras que la rajada llegaba medio vacía. Eso ocurrió día tras día durante dos años. El pobre criado nunca llegaba con más de vasija y media de agua a la casa de su amo. Desde luego, la vasija que estaba en perfectas condiciones se sentía orgullosa de sus logros, contenta porque cumplía a cabalidad con su razón de ser. En cambio, la vasija defectuosa se sentía avergonzada por su imperfección, deprimida por no poder llegar sino a la mitad del objetivo para el que había sido creada.




Al cabo de esos dos años en que se había considerado un rotundo fracaso, la vasija imperfecta, al llegar a la orilla del arroyo, le dijo al criado que la llevaba:




— ¡Qué vergüenza la mía! ¡Cuánto lo siento!




— ¿Y eso por qué? —le preguntó el criado—. ¿Por qué te sientes avergonzada?




—Porque durante estos dos años no he podido llegar con más de media porción de agua por esta maldita rajadura que me obliga a derramar la mitad a la orilla del camino. Por mi culpa no puedes aprovechar plenamente cada viaje.




El criado se compadeció de la vasija rajada, y con ternura le dijo:

—De regreso a la casa del amo, quiero que te fijes en las hermosas plantas de lindas flores que están creciendo a la orilla del camino.




En efecto, mientras subían la cuesta, la triste vasija se dio cuenta de que el sol brillaba sobre las flores silvestres a la orilla del camino, y esto sirvió para animarla un poco. No obstante, al fin del camino volvió a sentirse mal por haber derramado la mitad del agua que llevaba, y de nuevo le pidió disculpas al criado.




—¿No te diste cuenta de que sólo había flores en el lado del camino que te corresponde a ti? —le preguntó el criado—. El otro lado se ve desnudo. Yo siempre he estado consciente de tu defecto, pero he ido sacándole provecho. Por el lado tuyo del camino sembré semillas de plantas que dan hermosas flores, y todos los días al volver del arroyo, tú las has ido regando. Ya llevo dos años de estar recogiendo estas hermosas flores para adornar la mesa de mi amo. Si no hubiera sido porque eres exactamente como eres, él no habría podido disfrutar de la belleza y del perfume de esas flores.

Esta fábula nos recuerda el refrán que dice: «Tenemos este tesoro en vasijas de barro.»1 El refrán procede de la pluma de San Pablo, que luego explica cómo el poder de Dios se perfecciona en nuestra debilidad humana. «Por eso me regocijo en mis debilidades —concluye Pablo—; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.»2




Lo cierto es que todos, como vasijas de barro que somos, tenemos nuestros defectos. Pero si se lo permitimos, el Señor le sacará provecho a esas imperfecciones, y con ellas adornará y perfumará la casa de nuestro Padre celestial. por Carlos Rey











La trampa del desánimo





Charles Stanley





Vivir en el desánimo divide a la mente, haciendo difícil concentrarse en algo que no sea nuestro dolor.





HABACUC 1.2 ¿Se siente usted atrapado por el desánimo? Si es así, no es el único. En algún momento, todos experimentamos algún tipo de desilusión. La frustración es la reacción inicial normal.





Pero si le permite que permanezca durante mucho tiempo, puede convertirse en desánimo. Cuando es así, no hay ninguna sensación de gozo o alegría, no importa lo que usted haga.





Las circunstancias que desencadenan estas emociones pueden ser inevitables, pero nuestra manera de responder la decidimos nosotros.





Podemos dejar que la tristeza abrume nuestras almas, o enfrentar la situación con valentía y someterla a Aquel que puede ayudarnos.





Vivir en el desánimo divide a la mente, haciendo difícil concentrarse en algo que no sea nuestro dolor. Entonces la ira se convierte en habitual, y buscamos a alguien a quien culpar —ya sea a Dios, a las personas a nuestro alrededor, o a nosotros mismos.





La frustración que no se maneja bien puede convertirse en depresión, lo que a su vez puede alejarnos de los demás —la gente no disfruta de la compañía de alguien amargado y derrotado. Este aislamiento conduce a baja autoestima. Por último, podemos tomar decisiones equivocadas basadas en nuestras emociones, en vez de la verdad. Obviamente, elegir esta actitud autodestructiva no es lo que Dios quiere para nuestras vidas.





Aunque todos enfrentaremos el desánimo, no debemos regodearnos en él. En vez de eso, Dios quiere que le confiemos todo, aun nuestras expectativas no satisfechas y las tristezas más profundas. Recuerde que hay un propósito divino en todo lo que Él permite que toque las vidas de sus hijos (Ro 8.28).





Cómo vencer el desánimo



NEHEMÍAS 2.1-8

El desánimo puede robar la paz, la alegría y el contentamiento. Pero le tengo una gran noticia si se siente desanimado: ¡usted no tiene que seguir así!
He conocido personas que parecían estar en una situación irremediable. Pero unos años más tarde, estaban en una situación excelente, ya fuera en términos de sus circunstancias o de sus emociones. ¿La razón? Nunca se dieron por vencidas. En vez de entregarse a la autocompasión, optaron por creerle a Dios, dar un paso de fe, y salir del foso emocional.





Nehemías es un buen ejemplo. Tenía todas las razones para sentirse derrotado, pues su gente estaba en aprietos. Después de recibir la noticia de que el muro de la ciudad estaba destruido, este varón de Dios se sintió profundamente triste y desanimado. Y aunque el dolor inundaba su alma, clamó a Dios buscando su dirección.





La tristeza en la presencia del rey se castigaba con la muerte. Pero el Señor contestó la oración de Nehemías con un poder grandioso, lo que llevó al rey a notar el semblante triste de su siervo, y a preguntarle después qué podía él hacer para ayudarlo. Este milagro dio lugar a la reconstrucción del muro y a la liberación del pueblo de Dios. El Señor puede tomar una situación irremediable, sea cual sea, y cambiarla de maneras mucho más maravillosas de lo que usted pueda imaginar.







¿Vive usted en una espera ansiosa de lo que el Señor hará? ¿O ha decidido permanecer en las profundidades de la desesperación? Al igual que Nehemías, convierta su desánimo en una petición de ayuda a Dios. Él puede renovar sus esperanzas y evitar que las emociones negativas dominen su vida.







:: UNIDOS AL FIN ::



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Las puertas de la sala de emergencia se abrieron de par en par. Una camilla conducida por enfermeros pasó rápidamente. Traían a un hombre de sesenta y cinco años de edad, víctima de un ataque cardíaco. Los médicos hicieron todo lo posible por salvarlo, pero el hombre murió.




Treinta minutos más tarde otro hombre, de sesenta y tres años de edad, entró al hospital, víctima también de un ataque cardíaco. Y este también murió.




Los llevaron, entonces, a la morgue, y los pusieron uno junto al otro.




¿Quiénes eran estos hombres? Eran Ron y Peter Surveille, hermanos que vivían en la misma ciudad, París, hermanos que habían estado enemistados durante cuarenta años. Y ahora, a la fuerza, estaban juntos, pero muertos los dos.




Este es un caso patético. Estos hermanos se enemistaron por motivos personales. No se habían hablado por cuarenta años, aunque vivían en la misma ciudad. Ahora estaban juntos en la morgue, hombro a hombro, pero ya muy tarde para cualquier reconciliación. Cuando tuvieron tiempo de hacer la paz, no lo hicieron. Y aunque ahora estaban juntos, estaban separados para siempre.




¿Cuánto tiempo vamos a esperar nosotros para reconciliarnos con nuestro hermano o nuestra hermana, con nuestro esposo o nuestra esposa, o con cualquiera con quien estamos enemistados? ¿Un día? ¿Un mes? ¿Un año? ¿O esperaremos hasta el día de la muerte, cuando la puerta se haya cerrado para siempre?




La obstinación es uno de los pecados más absurdos del ser humano. Nos herimos a nosotros mismos. Arruinamos nuestra propia vida. Destruimos nuestro propio ser, y todo por el orgullo que no nos deja decir: «Perdóname.»




Lo triste de esta obstinación es que el que sufre es el que no perdona. El que no perdona lleva una vida solitaria. El que no perdona no conoce la paz. El que no perdona sólo conoce amargura. El que no perdona no puede ni perdonarse a sí mismo. Y lo peor de todo es que el que no perdona no puede hallar el perdón de Dios.




La oración más conocida de todos, el Padrenuestro, dice: «Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores» (Mateo 6:12). Es como decir: «Perdóname, Señor, de la misma manera en que yo perdono.» Y si nosotros, en obstinación, no perdonamos, no podemos obtener el perdón de Dios.




Cristo nos mostró el camino al reconciliarnos con Dios. Perdonemos nosotros, para vivir en paz y para disfrutar del perdón de Dios. Por hermano Pablo.




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