lunes, 24 de enero de 2011

Los juicios que realizan los medios

 

Por Equipo yoinfluyo.com

Enero / 2011

 

 

Qué pasa con las instituciones de justicia del Estado mexicano? ¿Cuál es el afán de diversos medios de comunicación –y de algunos comunicadores– al asumirse como fiscales, como juzgadores de presuntos delincuentes? ¿Por qué no esperar el fallo de los tribunales antes de emitir peligrosas e infundadas sentencias?

 

¿Cuál es la misión de los medios de comunicación? Informar los hechos cotidianos, transmitir la verdad, dar orientaciones a la realidad de la forma más imparcial posible. Los medios de comunicación son el primer punto de fuga a través del cual los ciudadanos ejercen su derecho a la información.

 

Cuando los medios de comunicación se convierten en apéndices del poder; cuando su visión de la realidad depende de circunstancias políticas, económicas o sociales; cuando su interés se finca en destruir personajes o cuando se asumen, voluntaria o involuntariamente, como herramientas de propaganda, los medios de comunicación dejan de cumplir con la razón de ser para la que existen.

 

En días recientes hemos visto cómo diversos personajes, acusados de distintos delitos, son presentados en la televisión como los peores criminales. ¿Lo son? No lo sabemos y no tenemos elementos para determinarlo. Peor aún, sus entrevistas se transmiten en horario estelar a pesar de que las instituciones de justicia establecidas no han arrojado veredicto alguno sobre su culpabilidad o inocencia.

 

Ahora vemos, en resumidas cuentas, que los juicios legales se convierten en mediáticos. Así, el entrevistador se convierte en un agudo fiscal que busca obtener del acusado una declaración que incline, hacia uno u otro lado, la balanza de la justicia, y los televidentes son una nueva especie de jurado que azuza el debate, pero es incapaz de ofrecer conclusiones sustentadas en evidencias.

 

¿Es que ya no hace falta el veredicto de las autoridades porque éste ya lo emitió la mayoría implacable de la sociedad informada? Parece que no cuando la labor del Ministerio Público la asumen comunicadores afamados.

 

El ejercicio de la justicia en México debe trascender estas prácticas. Nuestra cultura política y el nivel de participación ciudadana no habrán de aumentar apalancados de estrategias mediáticas como las que hemos visto en días recientes. ¿Por qué no mejor apostar a contenidos de calidad, que informen verazmente, de forma imparcial y sin sesgo político?

 

 



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