La necedad de la Supervía
Por Equipo yoinfluyo.com
Enero / 2011
¿Alguien ha visto un estudio serio que justifique la construcción de la Supervía Poniente? ¿Acaso Marcelo Ebrard y los funcionarios del Gobierno del Distrito Federal (GDF) se han tomado la molestia de explicar a los vecinos afectados las ventajas de la obra? La insistencia de Ebrard en construir una vialidad de la que no se aprecian sus supuestos beneficios revela, una vez más, el talante autoritario de un político que, a pesar de todos, pretende gobernar el país.
Aun cuando los vecinos de la zona han manifestado su inconformidad con la obra; a pesar de que urbanistas serios han presentado argumentos para comprender mejor la inconveniencia de la construcción y sin hacer caso a la recomendación de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CNDH-DF) referente a la necesidad de la suspensión provisional de la construcción, Ebrard insiste en construir la Supervía Poniente.
En el Distrito Federal, Marcelo Ebrard es bien conocido. Se le conoce, entre otras cosas, por ser incapaz de implementar programas de seguridad pública exitosos. Los defeños lo recuerdan constantemente porque fue él quien ordenó la construcción de nuevas líneas del Metrobús que, a la postre, terminaron por hacer ineficientes a dos ejes viales importantes.
Ebrard afirma que tiene una proyección de largo plazo en cuestión de movilidad para la Ciudad de México. Lo cierto es que pocos son quienes la conocen. Hasta donde se sabe, nunca sometió a consulta la realización de las obras viales que hoy afectan a millones de capitalinos; no hubo foros de discusión que arrojaran las mejores propuestas para resolver los problemas relativos a la movilidad citadina.
Lo que sí hubo, en cambio, fue atropello y pisoteo hacia el derecho ciudadano a la libre expresión y de manifestación. Quienes tuvieron la valentía de oponerse públicamente a las obras del Metrobús y la Supervía fueron replegados con granaderos, como si fueran los peores delincuentes. Trato que se diferencia, por cierto, al que Ebrard da hacia los miembros del Sindicato Mexicano de Electricistas que paralizan la ciudad con marchas, mítines y plantones.
A pesar de todo y de todos, Ebrard impulsa la construcción de obras vistosas –que no aportan en la resolución del gran problema de movilidad en la Ciudad de México–, pero no se preocupa de resolver la pobreza, la falta de educación, la inseguridad, la carencia de agua.
Ebrard ordena que los granaderos y policías replieguen a los manifestantes que se oponen a las obras que proyecta su gobierno, pero es incapaz de voltear a ver siquiera a las mafias que operan en Tepito, en la colonia Buenos Aires, en delegaciones que gobierna el partido al que pertenece. Qué necedad.

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