Por: Jorge Madrigal Fritsch
Octubre / 2010
La conciencia de uno mismo consiste en la comprensión profunda de nuestras emociones, así como de las propias fortalezas, limitaciones, valores y motivaciones, según Daniel Goleman. Las personas que poseen una clara autoconsciencia son sinceras consigo mismas y sinceras también con los demás. Estas personas saben reírse de sus propias debilidades.
Los líderes conscientes de sí mismos conocen sus valores, objetivos y expectativas. Saben hacia dónde se dirigen y por qué, y también saben conectar con "lo que resulta más adecuado".
En este sentido, por ejemplo, la persona consciente de sí misma sabe declinar una oferta de trabajo económicamente tentadora que no encaja con sus principios u objetivos a largo plazo, mientras que la persona que carece de conciencia de sí misma, por el contrario, tiende a tomar decisiones que ponen en peligro sus valores y acrecientan sus problemas internos.
Al no entrar en conflicto con sus valores, las personas conscientes de sí mismas suelen hallarse más a gusto con su trabajo.
Tal vez el signo más claro de autoconciencia sea la tendencia a la reflexión y a la meditación. Es por ello que las personas conscientes de sí mismas suelen encontrar tiempo para reflexionar en silencio, lo cual les permite responder de un modo más ponderado y menos impulsivo.
Son muchos los líderes que enriquecen su vida laboral con alguna modalidad de auto-reflexión que se deriva de su vida espiritual, algo que abarca el amplio abanico que va desde la oración y la meditación, hasta formas de autoconocimiento más filosóficas.
Todos estos rasgos distintivos de los líderes conscientes de sí mismos les capacitan para actuar con la convicción y autenticidad que exige la resonancia.

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