jueves, 22 de septiembre de 2011

¿A quién le interesa la juventud?


Jesús Caudillo


julio / 2010




Desde hace un par de años ha comenzado una oleada de eventos encaminados a dar forma a las políticas de juventud a distintos niveles. Desde 2008 y hasta la fecha, diversos foros e instituciones se han apostado a lo que parece un objetivo común: dotar de elementos fundamentales a los gobiernos para el diseño y ejecución de políticas de juventud. El telón de fondo en todos los casos es el mismo: detrás de todo, la Organización de las Naciones Unidas (ONU).


Ante las numerosas iniciativas, quedan en el aire diversas cuestiones aparentemente menores, pero que no pueden quedar sin respuestas. ¿A quién le interesa la juventud? ¿Por qué la ONU parece empeñada en dar soluciones globales a las problemáticas juveniles? ¿Por qué a cinco años de que venza el plazo para el cumplimiento de los Objetivos del Milenio? ¿Por qué el gobierno federal mexicano reacciona sólo a solicitud expresa de la ONU y no por propia iniciativa?


La Cumbre Iberoamericana 2008 sobre "Juventud y Desarrollo", llevada a cabo en El Salvador en octubre de aquel año, fue un primer intento para establecer lineamientos que dotaran de contenidos a las políticas nacionales orientadas a la juventud y sus necesidades. Ahí se discutió la situación de los niños y jóvenes de la región, sus condiciones políticas, sociales y económicas, así como los retos que cotidianamente enfrentan.


De entre los acuerdos destaca uno por demás interesante. En el punto 8 de los acuerdos se establece: "Someter a consideración de los Jefes de Estado y de Gobierno de Iberoamérica la propuesta presentada por la Organización Iberoamericana de Juventud, denominada 'Programa iberoamericano de Sexualidad, Afectividad y Prevención de Embarazo Adolescente', para que sea incluida en el Programa de Acción a ser adoptado en el marco de la XVIII Conferencia Iberoamericana".


El problema de todo esto va en dos sentidos. Más allá de la desorientación que evidencian las conclusiones y acuerdos de dicha cumbre, destaca la falta de claridad en los métodos, procesos, sistemas y estructuras que emanan de cada uno de los acuerdos. Además, este tipo de acuerdos hacen vinculantes las conclusiones con el diseño de políticas de los países participantes.


Es loable –ya lo hemos dicho en numerosas ocasiones– el intento de los países de la región en erradicar la pobreza, la explotación infantil, el abuso sexual a menores, la trata de blancas, conminar a los medios de comunicación a ser éticos en su labor, fortalecer "las familias como un espacio para las acciones de prevención de riesgos". Sin embargo, esto parece insuficiente.


Y decimos que es insuficiente cuando las necesidades y problemas más fundamentales pasan a formar parte de una agenda común entre países y deja de ser una situación que corresponda a los diversos gobiernos resolver. Sobre todo porque no hay una colaboración conjunta que facilite la resolución de estos problemas.


En el caso de las iniciativas para establecer políticas juveniles en los países de la región y a nivel global pasa algo similar, aunado al hecho de que se acentúa en demasía el problema de embarazos inesperados ­–lo que deja abierta la puerta a la legalización del aborto– y hace permisivo el consumo de anticonceptivos sin orientación médica y psicológica.


¿Quién está detrás de la agenda de juventud? ¿Quién quiere trazar ejes para sus políticas sin permitir a los gobiernos trabajar sobre ellas?


En agosto próximo, México será sede de la Conferencia Mundial de la Juventud 2010, misma que se realizará en León, Guanajuato. Esto, luego de que el Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve) organizara una serie de foros estatales para la elaboración de una política nacional de juventud. ¿Coincidencia?


Como parte de la preparación para el evento, diversos estados han llevado pre conferencias de juventud. De este modo, Guanajuato, Jalisco, Michoacán y Sonora, entre otros, realizaron sus propios foros, acompañados por el Imjuve.


¿Qué podemos esperar de la Conferencia Mundial de la Juventud? Puede que mucho, puede que nada. Otorgando el beneficio de la duda al hecho de que se necesitan lineamientos internacionales para diseñar políticas nacionales de juventud, puede que el evento resulte muy positivo y provechoso para los países participantes.


Aunque si miramos los Objetivos del Milenio y que faltan cinco años para que la ONU entregue cuentas al mundo en ese sentido, realmente podemos esperar poco. Es un cuento del que, aunque con otra trama, ya conocemos el final.


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