sábado, 23 de julio de 2011

Fundamentos de una oración poderosa


















Por Fernando Alexís Jiménez













Para que Dios nos escuche, basta que vayamos a Su presencia con la actitud correcta, confiando en Su poder que no tiene límites.









Esto son siete fundamentos que transformarán sus oraciones, en oraciones poderosas; comenzará a moverse en la dimensión de Dios. ¡Los resultados serán sorprendentes!









1. Estar a cuentas con Dios









Muchas personas buscan a Dios en procura de respuestas. "Normal, ¿quién no lo haría?", dirá usted. El asunto es que esa búsqueda se realiza cuando lo necesitan, en los momentos difíciles, porque es su única alternativa.





"Igual, es previsible", me dirá. Pero añado algo más: procuran un hecho milagroso aún cuando caminan en pecado.





¡Esa es la diferencia! Buscar a Dios como aquél que nos resuelve los problemas, pero una vez resolvemos el asunto, distanciarnos de Él. Es una filosofía signada por la ingratitud que prima hoy día.





Cuando vamos a las Escrituras, descubrimos que es esencial que estemos a cuentas con Dios. No puede ser de otra manera. Puede que hayamos pecado, y mucho, pero si pedimos perdón a Dios, Él nos permite estar en el centro mismo de su voluntad. Es algo maravilloso porque recibiremos respuesta a nuestras oraciones, como escribe el salmista: "Si no hubiera confesado el pecado de mi corazón, mi Señor no me habría escuchado."(Salmo 66:18, Nueva Traducción Viviente)





¿Quiere moverse en la dimensión de los milagros? Vuélvase a Dios. Es un paso esencial e ineludible que le permitirá recibir atención a su clamor. Dios nos ama y quiere lo mejor para nosotros.









2. Deje de lado toda sombra de duda









¿Ha visto barreras que impiden a las personas avanzar en un camino? Es frecuente. ¿Qué impide recibir respuesta a sus oraciones? Uno de los obstáculos más comunes es la incredulidad. Impide las enormes bendiciones que Dios nos tiene.





Explicando a los creyentes del primer siglo acerca de la importancia de la fe, el autor de la carta a los hebreos en el primer siglo, escribió: "De hecho, sin fe es imposible agradar a Dios. Todo el que desee acercarse a Dios debe creer que él existe y que él recompensa a los que lo buscan con sinceridad."(Hebreos 11:6, Nueva Traducción Viviente) También el apóstol Santiago escribió: "Cuando se la pidan, asegúrense de que su fe sea solamente en Dios, y no duden, porque una persona que duda tiene la lealtad dividida y es tan inestable como una ola del mar que el viento arrastra y empuja de un lado a otro..."(Santiago 1:6, Nueva Traducción Viviente)
Si aplicamos la lógica al mover de Dios, no ocurrirá nada. Dios obra por encima de la racionalización humana. Tal vez evalúe que su mayor problema es pensar, una vez le pide un milagro al Padre celestial, ¿cómo va a hacer Él para responder? Ese no es problema suyo sino de nuestro Supremo Hacedor. Él es quien responde, a su manera.









3. Unirnos a otras personas en oración









Compartir nuestras peticiones de oración con otros hermanos en la fe, resulta altamente eficaz. Es un principio que nos ayuda, de un lado a crecer en la fe y de otro, a tocar el corazón de Dios. Así lo enseñó el Señor Jesús: "También les digo lo siguiente: si dos de ustedes se ponen de acuerdo aquí en la tierra con respecto a cualquier cosa que pidan, mi Padre que está en el cielo lo hará."(Mateo 18:19, Nueva Traducción Viviente)





Además de perseverar, unimos fuerzas. Es algo esencial y poderoso. Encontrará que los obstáculos a sus oraciones, se desmoronarán. Las barreras caerán a tierra. ¡Dios responderá con poder!









4. Asumir el principio de la intercesión









Recuerde siempre que la oración se orienta en dos direcciones: la primera, por nosotros. Es aquí donde concentramos el alabar y exaltar a Dios, procurar respuesta a nuestras necesidades, crecimiento espiritual. Otras oraciones, se encaminan a pedir por los demás. Es lo que llamamos intercesión.





Los creyentes del primer siglo tenían claras instrucciones de interceder por los demás, tal como escribe el apóstol: "Confiésense los pecados unos a otros y oren los unos por los otros, para que sean sanados."(Santiago 5:16 a. Nueva Traducción Viviente)





La respuesta del Señor producirá hechos que rebasan toda lógica y la sanidad, en el caso que alguien padezca alguna enfermedad, incluso aquellas que la medicina considera incurables.









5. Reconozca el poder ilimitado de Dios









Con frecuencia me escriben diciendo: "Pídale a Dios por tal o cual asunto, ya que Dios a usted sí lo escucha". ¡Tremendo error! Dios nos oye a todos. Basta que vayamos a Su presencia con la actitud correcta, confiando en Su poder que no tiene límites.





Quítese de la cabeza la idea de que el Señor oye a unos más que a otros. Eso no es así, como nos enseña la Biblia: "…La oración ferviente de una persona justa tiene mucho poder y da resultados maravillosos."(Santiago 5:16 b, Nueva Traducción Viviente)





Si clamamos, confiando plenamente en el poder de Dios, no hay límites. Todo cuando le pidamos, podrá ocurrir. Basta que confiemos y creamos que Su poder va mucho más allá de nuestra comprensión humana.









6. Pedir en la voluntad de Dios









Recuerdo a un joven que pedía a Dios ser un evangelista famoso. No se preocupaba tanto en extender el mensaje de Salvación, sino en la fama. Esa era su motivación central. Y se quejaba de que Dios no respondía. ¿La razón? No pedía para honrar y glorificar a Dios sino para su propio beneficio.





El apóstol Santiago explicó que esta era la razón fundamental para que nada ocurriera en la vida de muchas personas: "Aun cuando se lo piden, tampoco lo reciben porque lo piden con malas intenciones: desean solamente lo que les dará placer."(Santiago 4:3, Nueva Traducción Viviente)





El problema radica, entonces, en que nos enfocamos en nosotros mismos y no en que Dios haga su voluntad. Muchos de los tropiezos que enfrentamos en la oración cambiarán sustancialmente si cambia nuestra actitud. De lo contrario, es decir si seguimos pidiendo para satisfacer nuestros deseos, ocurrirá lo que advirtió el propio apóstol Santiago: "Esas personas no deberían esperar nada del Señor."(Santiago 1:7, Nueva Traducción Viviente)









7. Perseverancia en la oración









Quien no persevera, jamás alcanza la cima. Es un principio que aplica también en la oración. No podemos pretender que las respuestas se produzcan ya, como si Dios fuera nuestro mandadero. Él tiene su propio tiempo y su propia manera de obrar.





En alguna oportunidad hizo particular énfasis a este principio. "Cierto día, Jesús les contó una historia a sus discípulos para mostrarles que siempre debían orar y nunca darse por vencidos."(Lucas 18:1, Nueva Traducción Viviente)





Evalúe hasta qué punto usted es un creyente que sigue insistiendo por ese milagro. O tal vez descubre que se es de aquellos que renuncian fácilmente. Tal vez ahí estriba el que no reciba milagros.









Cambie sus oraciones






Si duda reviste importancia que cambiemos nuestra forma de orar. Probablemente ni estemos clamando en la voluntad de Dios, ni con fe o perseverancia, sino en nuestras propias fuerzas. Eso determina que no haya respuesta. En cambio, si asumimos estos y otros principios que nos enseña la Biblia, sin duda podremos entrar en la dimensión de los milagros que tanto hemos anhelado. COMENTAR MENSAJE



























El Lápiz [reflexión]









Por Magda Hermida





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Un hacedor de lápices toma un lápiz justo antes de meterlo en su caja y le dio consejos. Le dijo: "Hay 5 cosas que debes saber antes que seas enviado al mundo. Siempre recuérdalas y serás el mejor lápiz del mundo."






Las 5 cosas fueron las siguientes:






1- Siempre harás cosas grandiosas, pero solo si te dejas sostener en la mano de alguien.





2- Experimentarás el dolor en algunas ocasiones de que te saquen punta, pero será necesario para que seas un mejor lápiz cada vez.
3- Tendrás errores, pero tendrás un borrador para corregirlos todos.
4- La parte más importante de ti es la que lleva dentro Y......
5- En cualquier superficie que seas usado, tendrá que dejar tu marca. No importan las circunstancias o las condiciones, deberás continuar escribiendo.






El lápiz entra en su caja prometiendo recordar estas 5 cosas y con un propósito en su corazón de ser útil.






Ahora podríamos ponernos nosotros en el lugar del lápiz y recordar estas 5 cosas para ser la mejor persona del mundo






1- Siempre harás cosas grandiosas, pero solo si te dejas sostener en la mano de Dios





2- Experimentarás el dolor en algunas ocasiones de las luchas y tribulaciones, pero será necesario para que seas más fuerte y valiente cada vez.





3- Tendrás errores, pero tendrás humildad para corregirlos todos y crecer por medio de ellos.





4- La parte más importante de ti es la que llevas dentro del Corazón Y......
5- En cualquier superficie que camines, tendrás que dejar tu marca. No importan las circunstancias o las condiciones, deberás continuar sirviendo a Dios en todo.






Servir a Dios es uno de los privilegios más hermoso que tiene el ser humano.






"Señor, hazme un instrumento de tu paz. Que donde hay odio yo traiga siempre amor; donde hay injuria y ofensa yo siempre otorgue perdón; donde hay duda ponga fe; donde hay desespero, esperanza; donde hay tinieblas, luz; donde hay tristeza, gozo"






"Romanos 8:28 A los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados."




























«Cristo quita la culpa»









Por Carlos Rey






https://feedads.g.doubleclick.net/~a/pH1-ije05XPu0EN-q0gtCqlOi3Q/MqJGP_6K8tmnjZkyKAetiycOUBU/0/piEl juez bajó con fuerza el mazo. «Un cuarto de litro de sangre; ¡esa es la multa!», dijo con voz estentórea. Y el acusado, un hombre que había cometido una falta administrativa, se resignó a pagar. De todos modos, si donar sangre duele, también es algo que se repone en poco tiempo.






Mario Gil, juez de Temuco, Chile, que deseaba dictar sentencias justas, había establecido en su juzgado un sistema punitivo revolucionario: personas que cometieran faltas menores no pagarían con arresto o dinero: pagarían con sangre que donarían al hospital local. «Si la letra con sangre entra —había afirmado el juez—, la culpa con sangre sale.»






He aquí una medida pintoresca para castigar delitos menores, algo arbitraria y heterodoxa, pero práctica y útil. Con el sistema del juez chileno, se podría solucionar el eterno déficit de sangre en el hospital local.






Todos los pueblos del mundo, aun los más primitivos que han elaborado alguna clase de culto o religión, han sostenido siempre que un sacrificio de sangre quita la culpa y limpia el pecado. Ya sea la sangre de un cordero, de un gallo, de un jabalí o de un ser humano, siempre se ha creído que la sangre expía el pecado.






Lo cierto es que el juez de Temuco tenía razón: la culpa con sangre sale. Pero no es porque se haya establecido en el tribunal del juez Gil sino porque está establecido en el augusto y eterno tribunal de Dios, el Juez Supremo. La sangre expía el pecado y quita la culpa de cualquier persona, por grande y antigua que sea.






Sin embargo, la sangre que quita el pecado del mundo no es la de cualquier persona. No es la sangre del pecador, ni es la sangre de su madre o su padre o del ser que más lo quiere. La Biblia, el Libro Supremo de la humanidad y el único que dice la verdad, toda la verdad y solamente la verdad, dice que la sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios, es la única que cubre y borra nuestro pecado. Y por si eso fuera poco, la Biblia dice además que esa sangre vertida en la cruz del Calvario no sólo borra todo nuestro pecado, sino que es tan eficaz que Dios, el ofendido, olvida ese pecado para siempre.





De modo que nadie necesita morir por su pecado ni derramar su propia sangre. Cristo vertió la suya, y esa es más que suficiente.

Si bien la culpa sale con sangre, la cura entra con Cristo. Él derramó su sangre por nuestra culpa, y ahora está a la puerta de nuestro corazón, pidiendo entrada. «Mira que estoy a la puerta y llamo —nos dice en el Apocalipsis de San Juan—. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo.»1 Más vale que le demos entrada, le pidamos perdón y permitamos que su sangre quite esa culpa y nos limpie de todo pecado.
Dios te bendiga























https://blogger.googleusercontent.com/tracker/340597873186848102-6979960625932900379?l=Por la fe - (Salmo a Dios)





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Por: María Fernanda S.






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Que tu amor me llene completamente Señor.
Tócame y que tu gracia me cubra por siempre.
Cuando te mueves y me alcanzas se rompen las cadenas y me haces libre, La enfermedad desvanece.






Mis debilidades desaparecen y una fuerza suprema me llena de autoridad,






Te llevas mi angustia y mi corazón empieza a sentir el gozo del Señor.






Cuando cansado y debilitada me siento. Cuando no puedo seguir y tambalea mi fe, espero…






Y luego de esperar recibo las fuerzas y vuelvo a levantarme como el águila,






Nuevamente me llevas a lo alto y alejada de la tormenta empiezo mi vuelo.






Contigo a mi lado el yugo es más liviano Señor mío.






No te apartes nunca de mi lado porque mi alma desfallecería sin tu presencia.






Te amo tanto, tanto es que te amo Señor que contigo la cruz es más liviana.






A través de mi fe, tu poder me transforma cada día,






A través de mi fe, recibiré ese milagro que tanto espero, ese sueño que tanto anhelo,






A través de mi fe es que en mi corazón tú tienes morada,






A través de mi fe te veré cara a cara Señor,






A través de mi fe te tocaré,






A través de mi fe te abrasaré y en tu mesa me sentaré.
Prepárame Señor para llegar a ser la persona que esperas que sea,






Prepárame Señor para hacer siempre tu voluntad,






Prepárame Señor para alcanzar la perfección y la santificación,






Porque al reino de los cielos ansío llegar.






Por la fe te recibí en mi vida y por siempre en ella,
VIVIRÁS.























El poder de la oración, rompe los límites









Por Fernando Alexis Jiménez





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La noticia que la enfermedad no tenía cura, la llenó de pánico. Miró incrédula, una y otra vez, el parte médico. No podía creerlo. El especialista volvió sus ojos a otro lado. Comprendía el dolor de la mujer. Decirle que unas pequeñas tumoraciones ponían en peligro su vida y que, además, la ciencia no podía responder, le llenaba de más tristeza. Compartía su dolor.






--No puedo asegurárselo, pero si busca tal vez en otro país; no se, es probable que la ciencia esté más avanzada que en Bolivia—musitó quedamente.






Laura lo miró con una mezcla de rabia y desconcierto. Segundos antes le había dicho que el mal no tenía remedio y ahora, se lo decía pero de otra forma, como tratando de minimizar el impacto.






--Creo que lo mejor será irme—dijo ella, y se alejó sin cerrar la puerta. No tenía ganas de nada; sentía que el mundo se hundía bajo sus pies.






Esa fue la última vez, en aquél frío octubre, que pisó las instalaciones de la clínica. Volvería seis meses después, pero a verificar de nuevo los exámenes de laboratorio que confirmaron su sanidad.

¿Qué había ocurrido? Dios había hecho un milagro. Esos seis meses compartieron por igual, el dolor y la tristeza de Laura pero también, la devoción infinita que nació desde lo más profundo de su ser cuando se aferró al poder de Dios. Al principio le invadía el escepticismo y, después, se aferró al Señor como su tabla de Salvación. Clamaba día y noche. Incesante, confiada, con la convicción de que algo ocurriría. Otras personas que compartía su fe, le ayudaban a clamar… Y el milagro se produjo… Dios la sanó del cáncer…






Unirnos a otras personas en oración






Dios responde a nuestras oraciones. Él nos oye. Jamás olvide que desea lo mejor para nosotros. Ahora, compartir nuestras peticiones de oración con otros hermanos en la fe, resulta altamente eficaz. Es un principio que nos ayuda, de un lado a crecer en la fe y de otro, a tocar el corazón de Dios. Así lo enseñó el Señor Jesús: "También les digo lo siguiente: si dos de ustedes se ponen de acuerdo aquí en la tierra con respecto a cualquier cosa que pidan, mi Padre que está en el cielo lo hará."(Mateo 18:19, Nueva Traducción Viviente)






Además de perseverar, unimos fuerzas. Es algo esencial y poderoso. Encontrará que los obstáculos a sus oraciones, se desmoronarán. Las barreras caerán a tierra. ¡Dios responderá con poder!

Recuerde siempre que la oración se orienta en dos direcciones: la primera, por nosotros. Es aquí donde concentramos el alabar y exaltar a Dios, procurar respuesta a nuestras necesidades, crecimiento espiritual. Otras oraciones, se encaminan a pedir por los demás. Es lo que llamamos intercesión.






Los creyentes del primer siglo tenían claras instrucciones de interceder por los demás, tal como escribe el apóstol: "Confiésense los pecados unos a otros y oren los unos por los otros, para que sean sanados."(Santiago 5:16 a. Nueva Traducción Viviente)






La respuesta del Señor producirá hechos que rebasan toda lógica y la sanidad, en el caso que alguien padezca alguna enfermedad, incluso aquellas que la medicina considera incurables.






No hay límites para Dios






Quien puede resolver los problemas que enfrenta, aquellos que considera imposible de resolver, es Dios. Para Él no hay límites. Él es quien responde con poder. Basta que crea en el Señor. Creer y perseverar, dos poderosas llaves que le abrirán las puertas en la dimensión de los milagros.






La ciencia no ha dicho ni jamás dirá la última palabra; la última palabra la tiene nuestro amoroso Padre celestial. Esa es la razón por la que le invitamos a no desmayar en la fe. Dios hará algo especial en su existencia…






Por último, no deje que pase este día sin que tome la mejor decisión de su existencia: recibir a Jesucristo como su único y suficiente Salvador. Su vida será diferente y podrá moverse en la dimensión de los milagros…









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