jueves, 17 de febrero de 2011

Contradicciones en el mundo árabe-musulmán

 

Por Federico Müggenburg

Fuente: Yoinfluyo.com

Febrero / 2011

 

 

De repente ha irrumpido en los países del Magreb (Marruecos, Argelia, Túnez, Libia y Egipto) una revuelta violenta que ya amenaza con extenderse por el extremo suroeste hasta Mauritania y por el este a Jordania, Siria, Arabia Saudita y Yemen del Sur. Cada día las noticias informan de extensiones del mismo fenómeno en otros países como Sudán, en proceso de partición en dos.

 

Las características comunes son: naciones árabes musulmanas con gobiernos autoritarios, desde dictatoriales originados por golpes militares, hasta monárquicos vitalicios hereditarios. La rebelión se ha iniciado en Túnez, con manifestaciones callejeras en la capital y principales poblaciones, detonadas por jóvenes suicidas que se autoinmolan con fuego en público, causando una gran conmoción entre sus conciudadanos enterados principalmente por las redes electrónicas.

 

Los territorios del norte de África, fueron parte del imperio romano hasta fines de los años 600 y principio de los 700, cuando las hordas de fanáticos musulmanes arrasaron con todos los vestigios de civilización cristiana y penetraron a la península ibérica estableciendo luego el dominio de los califatos. En España fueron detenidos y rechazados el año 718 por Don Pelayo, en Covadonga y por Carlos Martel, en Poitiers en 732. Transcurrieron siete siglos de un lento pero consistente rechazo hasta que en 1492, los reyes católicos conquistaron Granada y expulsaron definitivamente a los musulmanes de España.

 

En 1571, la derrota en Lepanto, terminó con el dominio musulmán en el mar Mediterráneo.  Mucho tiempo después, los imperios europeos establecieron colonias en África, que terminaron con la descolonización consumada después de la Segunda Guerra Mundial. De entonces para nuestros días, los gobiernos de las naciones europeas beneficiarios de los recursos de gas y petróleo descubiertos en esos nuevos países, se hicieron de la "vista gorda" ante la falta de vida democrática y las violaciones de los derechos humanos.

 

Otro elemento importante a considerar es la existencia del Estado de Israel, siempre en conflicto con los palestinos y sus "hermanos musulmanes", y de la influencia del gobierno norteamericano en los sucesos de esa región.

 

La revuelta en Túnez, derribó en pocos días al dictador Ben Alí, huido a Arabia Saudita, cuya familia y colaboradores cercanos acaparaban la riqueza del país. De los 10.5 millones de habitantes,  52 por ciento es menor de 30 años. El efecto inmediato se ha manifestado en Egipto, contra su dictador, Hosni Mubarak, con 30 años en el poder, y una población de 80 millones de la que 63 por ciento son menores de 30 años.

 

En Libia, el dictador y amigo de Hugo Chávez, está en el poder desde 1969. Al principio repudió los sucesos de Túnez, pero ahora apoya "al pueblo", y para "curarse en salud", anunció gigantescas inversiones para "beneficio" de la población libia. Es aún difícil prever hasta donde llegará este suceso, que puede considerarse equivalente a la "Primavera de Praga", de 1968, cuando los jóvenes se manifestaron contra la dictadura comunista en su país y en Europa, y fueron aplastados por las "Fuerzas del Pacto de Varsovia", es decir la URSS.

 

Entre los musulmanes, ya sean árabes, turcos, persas o indonesios hay diferencias, existen sunnitas, chiítas y wajabitas, que también luchan entre si. Hoy parece que la influencia de la civilización occidental europea, secularizada, pero próspera en lo social, económico y político, sirve de modelo entre las poblaciones jóvenes de estas naciones musulmanas que aspiran a ese tipo de vida. No parece haber un plan elaborado para estas insurrecciones.

 

Han sido una sorpresa para cualquier analista y más aún, para los servicios de inteligencia de la Unión Europea, la Unión Americana, Israel y Rusia. Su antecedente premonitorio más cercano fue el rechazo de los jóvenes de Irán, al fraude electoral  con el que se reeligió Ahmadineyad y fue sofocado con una violencia que conoció el mundo.

 

El detonador por las contradicciones en el mundo árabe-musulmán, será un nuevo hito en la globalización, como lo fue en su momento el terrorismo musulmán derribando las Torres Gemelas de Nueva York, que rompió el paradigma del "mundo unipolar y el pensamiento único". Cambiarán ciertamente las condiciones de la presencia de actores tan importantes como los consumidores de gas y petróleo de la Unión Europea y la Unión Americana.

 

La seguridad de Israel se pone en juego porque Egipto y Jordania eran "garantes" de cierta estabilidad en la región desde 1979, después del acuerdo de paz entre ambos. Las monarquías vitalicias hereditarias de túnicas y turbantes (Marruecos, Arabia Saudita o Jordania), las dictaduras militares de traje y corbata occidentales (Argelia, Túnez, Egipto o Siria) o la de túnica y turbante (Libia), y la dictadura de los ayatolas de ropajes orientales (Irán) y la identidad de la secta terrorista Al-Qaeda y su líder Bin Laden, afectarán o se verán afectadas en forma imposible de determinar ahora. El cambio de paradigma e identidad entre los musulmanes empieza a manifestarse y sus consecuencias influirán en la reconfiguración de la globalización, como se ha desarrollado hasta ahora.

 

Sucesos como el que estamos empezando a vivir, también tendrán sus efectos en los "aliados" latinoamericanos de los musulmanes, como son los casos de los dictadores de Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador. De todo ello se desprende una enseñanza: entender que ha llegado la hora de precisar las claves de la identidad cultural y religiosa de nuestras naciones latinoamericanas y así lograr superar con éxito las turbulencias de una globalización carente de lucidez para identificar, lo que permanece y lo que cambia en un proceso histórico tan importante.

 

 

 



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