sábado, 8 de mayo de 2010

¿Infidelidad? Parte 1

 

 

Por: Luz del Carmen Abascal Olascoaga

junio / 2009

 

La fidelidad es un tema en el que, a grandes rasgos, la mayoría coincidimos. Me parece que, salvo las raras excepciones (porque siempre existen), es una de las situaciones en las que todos nos pondríamos de acuerdo sin necesidad de grandes y costosas campañas, ni de técnicas de convencimiento: a nadie le gustaría que su novio/a o que su esposo/a le fuese infiel.

 

Sin embargo, a veces lo que no está tan claro es el concepto de fidelidad. Muchos piensan que esta se limita al plano físico. Dicho de otra forma: mientras mi mujer (en el caso de ellos) o mi hombre (en el caso de ellas) no se acueste con otro(a), me doy por satisfecho.

 

El problema es que es mucho más fácil ser infiel de lo que uno creería a primera vista. Y es que si hablamos de fidelidad, debemos situarnos en tres planos: el pensamiento, la palabra, y la obra o acción.

 

Fidelidad de pensamiento

 

El pensamiento es la primera dimensión desde la que parten muchos de nuestros errores y aciertos. Es, por así decirlo, la rendijita de nuestro actuar. Una vez que se abre esa rendija, los vientos se colarán con mayor facilidad, tanto los buenos como los malos. Por eso, debemos saber cuándo abrirla y cuándo cerrarla. Debemos estar atentos a lo que nos puede dañar, y a lo que nos traerá beneficios.

 

En el caso de la fidelidad, no se vale abrir esa rendija. Cuando un hombre o a una mujer de buen ver se cruzan en nuestro camino (ya sean actores, cantantes, políticos, deportistas, o simplemente un cualquiera), tenemos dos opciones:

 

1- Sentir y consentir (abrir la rendijita), es decir, pensar "¡qué guapo(a)!", "es mi 'novio(a)' " (refiriéndose a un "amor" platónico), etcétera. Si optamos por este camino (que ciertamente es el más fácil: reaccionamos ante los estímulos), estamos optando también por dividir nuestro corazón. En cierta forma, estamos ofendiendo a nuestra(o) novia(o) o esposa(o). Aunque ella(él) no lo sepa, pero ya en nuestro corazón aceptamos que ella(él) no es suficiente para nosotros.

 

2. Ignorar esa peculiaridad de belleza en el sentido sexual (cerrar la rendijita) y tratar a esa persona simplemente como lo que es: una persona, y no un hombre o mujer muy guapo(a). Es decir, en esta parte no se consiente ni siquiera considerar la belleza o fealdad de quien se tiene delante, porque uno se debe exclusivamente a su novio(a)/esposo(a), y es él o ella quien llena completamente nuestro corazón y nuestra mente, sin dejar espacio a ninguna otra belleza, a ninguna otra atracción.

 

Es comúnmente empleada la frase: "Se vale ver el menú, aunque no consuma". Pues no hay nada más falso. Si ya elegiste a un hombre, a una mujer, tu corazón ya no puede, ya no debe estar abierto a nadie más. Ver el menú implica la posibilidad de, en un momento, sí consumir.

 

Cuando alguien está a dieta, o cuando un alcohólico está en rehabilitación, no puede ni siquiera oler el alcohol. Lo mejor para esa persona es estar lo más lejos posible de la tentación, porque si recae, cada vez es más difícil salir adelante.

 

Exactamente lo mismo sucede con la vista: ¿ver el menú? ¿Para qué, si estamos a dieta, y lo único que realmente nos corresponde es el hombre o la mujer con quien nos hemos comprometido?

Es el pensamiento, pues, el que abre la puerta a la infidelidad y facilita avances en las otras dos dimensiones: la palabra y la obra.

 

Fidelidad de palabra


Una vez que se ha trasgredido la fidelidad de pensamiento, pues, es mucho más fácil llegar a la infidelidad de palabra. No sólo es grave pensar en alguien que no es tu novio(a) o esposo(a). Es más grave aún comunicarlo, a la propia pareja, o a otros.

 

Muchas personas no se dan su lugar y toleran que su novio(a) o esposo(a) le digan: "ay, tú disculparás, pero Brad Pitt me EN-CAN-TA", o "no, no, no, es que Beyoncé... ¡QUÉ MUJER!". ¿No te das cuenta de la falta de respeto y de amor que esto implica? Te faltan en tu propia cara, y tú te ríes y lo aceptas.

 

Si ya lo reconoció, lo externó, aunque se trate de "un artista", alguien a quien "nunca voy a conocer", es mucho más fácil que, el día que se encuentre a alguien que le llene el ojo, pase de la palabra a la acción. Es una segunda rendijita, que se abre; una segunda barrera que se elimina.

Fidelidad de acción

 

Aquí, se consuma la infidelidad con el acto. Al ir abriendo espacios, al ir dándonos permisos, se va facilitando lo último: el contacto físico, que puede ser desde un beso, hasta el acto sexual con quien no es el esposo(a). Y es lo que todos convenimos, constituye una falta gravísima, pero debemos darnos cuenta, y ser perfectamente conscientes de que esta instancia comienza con aquellas otras a las que solemos no darles importancia.

 

Mi padre siempre me decía: "Nunca le digas 'te amo' a alguien que no sea tu novio/esposo. Ningún otro hombre merece ese amor que sólo puede existir en una pareja". Y de igual manera, les aconsejaba a mis hermanos: "Sólo dos mujeres tienen cabida en tu corazón: tu madre, y la madre de tus hijos".

 

Esta es la clave de la fidelidad: no darle entrada a nadie que no la tenga por derecho propio. Y los únicos que tienen derecho propio, es él (en el caso de ella) y ella (en el caso de él).

 

 

 



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