sábado, 11 de agosto de 2012

Las Consecuencias de Deslizarse



Pastor Charles Stanley

HEBREOS 3.12, 13

Deslizarse espiritualmente —alejarse de manera gradual de Dios y de su voluntad— es dejar de ir en dirección a Dios. Al igual que el bote abandonado es arrastrado por el agua, el creyente se aleja de manera lenta e indiferente de la obediencia a Dios, el estudio regular de la Biblia, la oración y la reunión con los otros cristianos.

Una vida a la deriva está fuera de la voluntad de Dios y, por tanto, es pecado. El Espíritu Santo aguijonea la conciencia del creyente y le envía el mensaje de que se ha salido del camino, pero es proclive a ignorar la advertencia. Si el cristiano justifica siempre su extravío y no reconoce su pecado, su conciencia se volverá poco a poco más insensible. Quien se vuelve indiferente al pecado, ha preparado el camino para tener una conducta cada vez más pecaminosa y sentir menos culpa. ¿Puede usted imaginar una situación más peligrosa?

Cuando la conciencia del creyente que ha quedado a la deriva se vuelve insensible, sus oídos espirituales también son anestesiados; la verdad no logra entrar porque la persona ha dado cabida en su mente a actitudes y filosofías equivocadas. Además, su corazón se endurece a las cosas de Dios. Al huir de testimonios en cuanto al poder, la gracia y la misericordia de Dios, evita situaciones que pudieran despertar de nuevo su conciencia y mover su espíritu al arrepentimiento.

Las personas se alejan de Dios en busca de más libertad y más placer. Pero las consecuencias son un corazón endurecido, una conciencia entumecida y unos oídos sordos. El creyente apartado sacrifica la vida de victoria en Cristo, por una existencia carente de satisfacción permanente.


Las Consecuencias de Deslizarse

HEBREOS 3.12, 13

Deslizarse espiritualmente —alejarse de manera gradual de Dios y de su voluntad— es dejar de ir en dirección a Dios. Al igual que el bote abandonado es arrastrado por el agua, el creyente se aleja de manera lenta e indiferente de la obediencia a Dios, el estudio regular de la Biblia, la oración y la reunión con los otros cristianos.

Una vida a la deriva está fuera de la voluntad de Dios y, por tanto, es pecado. El Espíritu Santo aguijonea la conciencia del creyente y le envía el mensaje de que se ha salido del camino, pero es proclive a ignorar la advertencia. Si el cristiano justifica siempre su extravío y no reconoce su pecado, su conciencia se volverá poco a poco más insensible. Quien se vuelve indiferente al pecado, ha preparado el camino para tener una conducta cada vez más pecaminosa y sentir menos culpa. ¿Puede usted imaginar una situación más peligrosa?

Cuando la conciencia del creyente que ha quedado a la deriva se vuelve insensible, sus oídos espirituales también son anestesiados; la verdad no logra entrar porque la persona ha dado cabida en su mente a actitudes y filosofías equivocadas. Además, su corazón se endurece a las cosas de Dios. Al huir de testimonios en cuanto al poder, la gracia y la misericordia de Dios, evita situaciones que pudieran despertar de nuevo su conciencia y mover su espíritu al arrepentimiento.

Las personas se alejan de Dios en busca de más libertad y más placer. Pero las consecuencias son un corazón endurecido, una conciencia entumecida y unos oídos sordos. El creyente apartado sacrifica la vida de victoria en Cristo, por una existencia carente de satisfacción permanente.


El peligro de Deslizarse

Una hermosa tarde, mi mejor amigo y yo encontramos un bote abandonado flotando en el río. Tenía los remos rotos, pero eso no pareció ser un impedimento para un par de adolescentes. Subimos al bote, y nos dejamos llevar por la corriente. No estoy seguro de cuánto tiempo pasó mientras estuvimos flotando a la deriva, pero supimos que estábamos en problemas cuando oímos un estruendo. Más adelante el agua se precipitaba sobre una represa. Aterrorizados, echamos mano de los remos rotos y nos pusimos a remar con fuerza contra la corriente. Nos las arreglamos para llegar bien cerca de la orilla, y saltamos, pero el bote cayó en la represa. Lo que comenzó como una diversión sencilla terminó casi en una tragedia.

Eso es exactamente lo que sucede con muchas personas hoy. Lo que comienza como una diversión, termina en un naufragio porque las personas se dejan llevar por la corriente, sin pensar antes o darse cuenta de que se están alejando de la seguridad que ofrece el plan de Dios. Según la actitud prevaleciente en la sociedad moderna, Dios no hace falta mientras la corriente esté tranquila. En otras palabras, cuando hay buenos ingresos, la familia está libre de riesgos y la salud es estable, ir con la corriente parece bien. Pero, en realidad, una persona a la deriva está siendo arrastrada a corrientes contrarias a Cristo y la iglesia.

El pasaje de hoy enseña que el sabio ve el futuro, y evita el desastre. Dicho de otra manera: Dejarse llevar por la corriente es una insensatez. En muchos aspectos de la vida —matrimonio, familia, finanzas, etc.— necesitamos tener un plan de navegación claro para tener éxito (Pr 3.6).



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