Querien Vangal
Cuentan que un rey muy rico de la India, tenía fama de ser indiferente a las riquezas materiales y hombre de profunda religiosidad, cosa un tanto inusual para un personaje de su categoría.
Ante esta situación y movido por la curiosidad, un súbdito quiso averiguar el secreto del soberano para no dejarse deslumbrar por el oro, las joyas y los lujos excesivos que caracterizaban a la nobleza de su tiempo.
Inmediatamente después de los saludos que la etiqueta y cortesía exigen, el hombre preguntó: “Majestad, ¿cuál es su secreto para cultivar la vida espiritual en medio de tanta riqueza?
El rey le dijo: “Te lo revelaré, si recorres mi palacio para comprender la magnitud de mi riqueza. Pero lleva una vela encendida. Si se apaga, te decapitaré”
Al término del paseo, el rey le preguntó: “¿Qué piensas de mis riquezas?” La persona respondió: “No vi nada. Sólo me preocupé de que la llama no se apagara”
El rey le dijo: “Ese es mi secreto. Estoy tan ocupado tratando de avivar mi llama interior, que no me interesan las riquezas de fuera”
Muchas veces deseamos vivir como mejores cristianos y tener vida espiritual, pero sin decidirnos apartar la mirada de las cosas que nos rodean y deslumbran con su aparente belleza. Procuremos “ver hacia adentro” y avivar nuestra llama espiritual, pues: – Al tener nuestra mente y nuestro corazón puestos en el Señor, podemos aprender a conocerle y amarle. – Las trivialidades y preocupaciones de la vida no podrán apartarnos del buen camino. – Crecerá nuestro amor por la familia y nuestros semejantes, que son imagen de Dios.
Viviremos alegres en esta vida, preparándonos para alcanzar la felicidad eterna al lado de nuestro Padre.
Proverbios 22:4 “Riquezas, y honra, y vida, son la remuneración de la humildad y del temor de Dios”
Proverbios 11:28 “El que confía en sus riquezas, caerá: Mas los justos reverdecerán como ramos”
¿Buscando SENTIDO A SU VIDA?
Iba de tránsito hacia Bogotá, capital de mi amada Colombia. En medio de la turbulencia que atravesaba el avión, una lluviosa mañana, un hombre entrado en años que viajaba compartiendo silla, sonrió y me dijo: “Tal como es el mundo hoy, no hay mucho que ver y si hoy es el día de partir, pues iremos a la eternidad”.
Hablar, aunque poco, me permitió descubrir dos cosas: la primera, que era muy agradable para dialogar. Dominaba los temas, era cuidadoso al expresar cada palabra, y sin duda, estaba al día de cuanto ocurría en el mundo entero. La segunda, que la empresa de ensamble de electrodomésticos de la que era duelo y gerente, le permitió gozar de cierta estabilidad económica pero su relación familiar había terminado en fracaso.
--Con decirle que me divorcié hace diecisiete años, y llevo más de seis meses sin hablar con mis dos hijos—comentó.
Un verdadero drama. Él iba a cumplir una cita de negocios. Debía regresar a Cali en la noche. Un ciclo de trabajo sin descanso: una familia destruida y la íntima sensación de vacío que asistía cada día de su existencia.
Sin embargo, él no es el único. Infinidad de personas en todo el mundo atraviesan una situación similar. Tienen solidez económica, pero moral y espiritualmente, se encuentran en bancarrota.
Recuerdo el caso de una joven madre de familia, ejecutiva bancaria, a quien visité en la sala de cuidados intensivos de una clínica. Había intentado quitarse la vida. Era el segundo intento. “No concibo un minuto más. Estoy desesperada. Quiero morirme”, fueron las desalentadoras palabras con las que me recibió. Su rostro reflejaba desolación.
¿Qué hacer? Encontrarle sentido a la vida. No es algo que podamos alcanzar mediante técnicas orientales. Tampoco mediante principios de auto ayuda. Quizá logre resultados, pero no serán sostenidos ene l tiempo. Su duración será efímera.
Probablemente y como escribe el empresario, Patrick Morley, usted es de las personas que están luchando por escalar al éxito, pero terminan su vida en ruina personal. El reconocido autor y conferencista asegura que: “Cuando decidimos entrar en la “carrera de ratas”—el afán de alcanzar la felicidad sin lograrlo jamás--, muy pronto aparecerán fracturas en nuestras relaciones personales, y en poco tiempo vendrá el derrumbe total. Desafortunadamente en esta lucha por alcanzar un buen nivel de vida, con demasiada frecuencia muchas personas dejan atrás una estela de relaciones rotas”
Cuando vamos de la mano del Señor Jesús, los logros—cualesquiera que sean—traerán satisfacción a nuestro mundo interior, y se reflejará en lo que hacemos.
Vidas que impactan y transforman el mundo
Cuando aprendemos, asimilamos y ponemos en práctica los nuevos parámetros de vida que enseña La Biblia, sentamos las bases para un liderazgo eficaz que transforma el mundo. Ejercemos influencia en los demás. Nuestros pensamientos renovados, se manifiestan con hechos (Cf. Romanos 12:2)
Testimoniamos de una nueva con nuestras acciones, que impactan e influencian entre quienes nos rodean: “Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. Así que por sus frutos los conocerán. »No todo el que me dice: "Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo.”(Mateo 7:19-21, Nueva Versión Internacional)
Un liderazgo efectivo, camino al éxito, es aquél que ejerce influencia entre los demás, y sienta bases para el cambio y crecimiento. Cuando alguien me pregunta cómo defino éxito, mi respuesta—tal como se la compartí a un líder del Pacífico colombiano, en el hermoso puerto de Buenaventura, es esta: “Éxito es la plena realización de los dones y talentos de Dios en nuestra vida”.
La razón es sencilla. La posición social, el nivel académico o la disponibilidad económica de alguien, no determina que sea exitoso. Conozco personas con mucho dinero, pero con matrimonios desechos; también profesionales con varios títulos de post grado, que protagonizan escándalos y tratan mal a su familia…
Usted debe reemprender su proyecto de vida. ¿De qué manera? Permitiendo que Dios ocupe el primer lugar en su existencia, en su familia, en su trabajo y en todo cuanto hace. ¡Los resultados serán sorprendentes.
Vencer los OBSTÁCULOS (Reflexión)
Hace mucho tiempo, un rey colocó una gran roca obstaculizando un camino.
Luego se escondió y observó para ver si alguien quitaba la roca.
Algunos de los comerciantes más adinerados del reino y cortesanos pasaron por el camino, y simplemente giraron y pasaron al lado de la roca.
Muchos culparon al rey ruidosamente de no mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo algo para sacar la piedra del camino.
Luego pasó un campesino con una carga de verduras.
Al aproximarse a la roca, el campesino puso su carga en el piso y trató de mover la roca a un lado del camino.
Después de empujar y fatigarse mucho, lo logró.
Mientras recogía su carga de vegetales, vio una bolsa en el suelo, justo donde había estado la roca.
Abrió la bolsa y, dentro de ella, encontró una cartera que contenía muchas monedas de oro y una nota del mismo rey indicando que el oro era para la persona que removiera la piedra del camino.
El campesino aprendió lo que los otros nunca entendieron.
Cada obstáculo presenta una oportunidad para mejorar, si se actúa en vez de quejarse.
Romanos 8:28 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.”
No permitas que los obstáculos que se te presenten el día de hoy se salgan con la suya, al contrario mira más allá y sácales provecho!

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