miércoles, 13 de junio de 2012

Sueña la Promesa DE DIOS


pastor Otoniel Font

Los problemas, las dificultades, el tiempo transcurrido te pueden llevar a preguntarte: ¿Cuándo?

Hemos estado estudiando el Salmos 126. Este salmos comienza diciendo: Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de su pueblo…” Vimos que ese “cuando” no es una pregunta, sino una declaración.

¿Por qué el pueblo de Israel estaba tan seguro de que Dios haría volver su cautividad?

En los libros de Isaías y Jeremías podemos ver que Dios había establecido que el pueblo de Israel estaría cautivo en Babilonia por un espacio de tiempo determinado, y que luego él los libertaría, él haría volver la cautividad de su pueblo.

El “cuando” que provocaba el sueño era basado en una promesa de Dios, no en un problema.

Tu sueño no puede estar basado en un problema; tiene que estar basado en una promesa que Dios te haya dado.

El mundo está en el mejor momento para un avivamiento. Cuando Dios levanta a Noé, y cuando levantó a Moisés, fueron momentos en los que dos cosas estaban pasando: había altos impuestos, y estaban matando a los niños. Cuando Dios metió a los libertadores más grandes de la nación de Israel, fue cuando la gente trabajaba y no veía resultado, y los niños estaban muriendo.

¿Qué estamos viendo en la sociedad? Situaciones en las que se preguntan en dónde estaba la policía, en vez de preguntar dónde estaban los padres. Es en esos momentos en que Dios levanta a aquel que metió en una canasta – como a Moisés – para libertar a su pueblo.

Podemos colgar nuestras arpas – como hiciera el pueblo de Israel en el Salmos 137 – o podemos cantar lo que dice la palabra del Señor: Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de su pueblo, seremos como los que sueñan.

El Salmos 126 está basado en que el pueblo de Israel sabía que Dios había dicho que vendría un tiempo de liberación. El “cuando” que nos libera para soñar es el “cuando” de la promesa de Dios.

No sueñes por un problema, no sueñes por una necesidad, no sueñes porque lleves mucho tiempo en dificultad. Sueña por lo que Dios te ha dicho. Busca ese momento donde tú sabías para qué naciste, para qué Dios te había creado, y agárrate de esa palabra, agárrate de esa promesa, y entonces te vas a atrever a caminar hasta ese momento donde Dios lo cumplirá.



Seremos como los que SUEÑAN

Cuando el salmista escribe el Salmos 126, escribe acerca de un grupo de gente en específico. El salmista pudo haber dicho que Jehová haría volver la cautividad de Israel o de Judá o de Leví, pero escoge el nombre de Sion. Ese nombre “Sion” tiene que ver con el lugar de adoración, el lugar de consagración, el lugar de reunión.

La palabra Sion la usamos hoy para referirnos a la iglesia. Dios tenía que quitar la cautividad de Sion, porque si él quitaba la cautividad de Sion, todo el pueblo sería libre.

Cuando la iglesia se levante, cuando experimentemos verdaderamente la libertad en nuestros corazones y en nuestra mente, será cuando las naciones podrán experimentar el avivamiento que estamos esperando.

Cristo en nosotros es la esperanza de gloria.

Si adaptáramos el Salmos 126, podríamos decir que, cuando Jehová hiciere volver la cautividad de la iglesia, seremos como los que sueñan. Esa es la importancia de que despertemos a la realidad de la palabra de Dios.

El gobierno va a cambiar cuando los creyentes seamos libres para soñar, libres para creer por cosas grandes.

El problema es que en ocasiones, sin darnos cuenta, los creyentes somos la gente más dócil, adaptándonos y acomodándonos a las circunstancias, porque no queremos ofender a nadie. Porque no queremos que nadie piense o diga algo, porque no nos digan la frase: “y eso, que eres cristiano”.

La presión que te pone el mundo te hace sentir mal.

Tú te mereces prosperar, tú te mereces soñar. Tu nación cambiaría si los creyentes se pararan firmes, no con ideas políticas, sino comprometidos con Dios, quien los dirige a lo que hay que hacer para que la nación sea libre.

Muchos creyentes se sienten culpables, descalificados, pecadores, y piensan que no se merecen nada. Por el pasado, por los errores que cometieron, por las dificultades que han tenido en su vida, sienten que no sirven para nada, que no deberían lograr nada, que su tiempo se acabó, que no deberían aspirar a mucho más, cuando en realidad nosotros los creyentes deberíamos ser las personas que nos sintiéramos libres para soñar, porque si nosotros no soñamos, ¿quién soñará entonces?

Tú tienes que ser libre para visualizar, para ver cosas grandes, para esperar la mano de Dios obrar en tu vida, libre para soñar. Si nosotros no lo hacemos, ¿quién lo va a hacer?.

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