domingo, 27 de noviembre de 2011

Reflexiones Cristianas acerca de la ORACIÓN

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Fernando Alexis Jiménez



https://feedads.g.doubleclick.net/~a/pH1-ije05XPu0EN-q0gtCqlOi3Q/o_7SUzbRdBaELiyAbpy0Y5vPERw/1/piUnidos para CLAMAR por un MILAGRO


El aula universitaria, ese miércoles en la mañana, estaba llena de estudiantes y, aún cuando fuera el sol lucía en su esplendor y todo alrededor irradiaba vida, Víctor estaba sumido en la más profunda depresión. Un compañero le sacó del ensimismamiento. Lo movió por el hombro. "Vamos, ¿qué te pasa? Estás distraído".


El profesor estaba escribiendo fórmulas matemáticas en el tablero. Dio una rápida explicación y pasó a otro ejemplo. Finalmente llamó su atención. "Víctor, ¿podrías repetirme cuáles son las etapas a seguir en esta operación?", y le señaló una ecuación. Fue un momento bochornoso porque no pudo responder.


En el intermedio de clases, habló con su mejor amigo. Le comentó sobre la preocupación que le despertaban los problemas en casa. Sus padres estaban a las puertas de separarse. "Ya no se soportan y las discusiones son permanentes: en la mañana, en la tarde y en la noche", le dijo.


Acordaron llevar el asunto delante del Señor en oración. Clamarían en el nombre del Señor Jesús y estaban convencidos, el Padre celestial respondería con un milagro. Y lo hizo, dos semanas después. Las tensiones disminuyeron y—algo que jamás imaginaron—se sentaron los progenitores a hablar sobre las diferencias que los estaban separando.


Hoy, cuando navegan en aguas tranquilas, Víctor reconoce que fue la intervención de Dios y no otra cosa, lo que determinó un giro de ciento ochenta grados en el problema intrafamiliar.



Clamando juntos


Cuando nos unimos varias personas a interceder por un asunto en particular, situaciones aparentemente inmodificables terminan cambiando y ponen de manifiesto que el poder de Dios es ilimitado.


El Señor Jesús lo expresó de la siguiente manera: "En otras palabras, si dos de ustedes en la tierra se ponen de acuerdo en pedir algo, pueden orar por eso. Mi Padre que está en el cielo se lo dará, porque donde se reúnen dos o tres en mi nombre, yo estoy allí en medio de ellos."(Mateo 18:19, 20. La Biblia , la Palabra de Dios para todos).


Observemos el proceso expuesto por el amado Hijo de Dios: 1.- Identificar la necesidad por la que oraremos. 2.- Unir nuestras fuerzas con otros hermanos en la fe para interceder sobre el asunto. 3.- Perseverar con fe. 4.- Reconocer que el Jesucristo estará en medio nuestro y que el Padre celestial responderá a nuestro clamor.


¿Ha probado acaso asistir a un grupo de oración?¿Ora junto con su familia en casa?¿Va al Padre en clamor en procura de hechos humanamente imposibles pero posibles con intervención divina? ¡Hoy es el día de comenzar!




Una NUEVA Oportunidad


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Rogelio Satizábal conservaba por años las fotografías de sus hijos, a los que nunca volvió a ver. No los abandono. Más bien, ellos lo abandonaron a él. Desarrollaron el sentimiento de desapego tras los reiterados diálogos con su madre, quien les infundía resentimiento. "Jamás le perdonaré que nos hayamos divorciado", repetía.



Su historia de hombre solo transcurría monótona en una habitación de tres por cuatro metros. Se convirtió en su espacio para cocinar, asearse, extender la ropa recién lavada y hasta la biblioteca. Los años pasaron y aunque cada mañana se miraba al espejo durante el ritual de la afeitada, no se percató de la vejez sino cuando llegaron los achaques. Se enfermaba con frecuencia y no volvió a lustrar calzado, su única fuente de ingresos.



Se retrasó varios meses en la renta. La propietaria estaba furibunda. "Si no pagas te echo a la calle", gritaba con frecuencia. Acompañaba sus amenazas con gestos de violencia. Estaba decidida a hacerlo. Y lo hizo. Un lunes en la mañana lo botó. Él ingresó nuevamente. No tenía adónde ir. La medida fue entonces extrema. Lo encerró por espacio de cuatro meses.



Las autoridades lo encontraron cuando estaba moribundo. Lo llevaron a un hogar de ancianos. Lo atendieron con el médico. Le ofrecieron atención médica. Restablecieron su vida. Tiene una nueva oportunidad. Mira el futuro con entusiasmo. Confía que todo será mejor cada vez.



Llamado a comenzar una nueva vida



La tristeza de un hombre solo es difícil de describir. Las horas pierden su sentido. El panorama luce poblado de sombras. Nada tiene sentido. Y esa perspectiva es desoladora. Las personas que atraviesan una situación así, dejan de luchar y se resignan a la adversidad.



¿Ese es el plan de Dios para nosotros? Sin duda que no. Dios tiene planes maravillosos para nuestro ser. Desea acompañarnos en el crecimiento personal y espiritual. No en nuestras fuerzas sino en las de Él.



Hace siglos el Señor prometió que traería a las almas a una existencia renovada. Un profeta escribió: "Buscaré a las ovejas perdidas, traeré a las extraviadas, vendaré a las que tengan alguna pata rota, ayudaré a las débiles, y cuidaré a las gordas y fuertes. Yo las cuidaré como es debido."(Ezequiel 34:16. Versión Popular).



Usted es como una ovejita delante del Padre. Él anhela cuidarlo con ternura. Tratar con su vida para que se produzca la sanidad interior, deje atrás los sentimientos de derrota y de fracaso, y emprenda una nueva etapa, transformada. Usted nació para ser un vencedor en todas las áreas, no para sucumbir al fracaso.


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